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Élmer Mendoza

Rafael Tovar y de Teresa

Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programas y conferenc ...

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14 de febrero de 2013

Tus años venideros al frente del Consejo serán más fructíferos que los anteriores, ¿apoco no soné como el Brujo Mayor? Pero lo sé. Me lo han dicho Albert Einstein y John Nash. Y me regocijo. Nada hay más grato que ver mexicanos triunfar. Esos que demuestran que México es más grande que sus penas y que todos los días contribuyen a lavar la cara del país. Sé que el Plan General del CONACULTA es denso y pertinente. No diré quien me lo hizo saber. Y está bien, es lo que esperamos y es lo que se necesita. Sin embargo, quiero referirme a un programa al que le tengo especial simpatía: El Programa Nacional de Salas de Lectura, creado en 1995 y que en 2013 cumplirá 18 años. Quizá lo recuerdes.

Como bien sabes, leer es pertenecer, es encontrar una atmósfera de amigos reales y virtuales que consiguen que, como diría el clásico, “la semana tenga más de siete días”, apoco no. Quizá en el DF no se detecte, o quizá sí, la importante penetración de este Programa, que ha sido llevado con pasión por la Dirección General de Publicaciones que lo coordina, a 4 mil 949 espacios de lectura, que beneficia a más o menos 7 millones de personas, y tendrías que ver de quien te hablo: profesores jubilados y en funciones, amas de casa, señoras que decidieron no morir, compositores de corridos, cirqueros retirados, cronistas de sus pueblos, campesinos, soldados que perdieron un brazo y hasta un tataranieto de Concepción Sedano que colecciona mariposas amarillas y escribe poemas.

Es un placer ver y escuchar a estas personas que han encontrado en la lectura su sombra, es decir, la otra parte de sí mismos que casi pierden con los años. Es fascinante, muy emocionante sentir cómo comparten historias que creíamos olvidadas en una fiesta perenne: la fiesta de la creación. Es tan fuerte su pasión que sin pretenderlo ya son parte del perfil cultural de este país. Es que leer despierta orgullos dormidos y es estupendo ser parte de un pueblo orgulloso que confía en sí mismo. Tendrías que ver a los miembros de Salas de las zonas marginadas; hasta les cambia la voz, su sonrisa se amplía y les brilla más el pelo, que dicen es muestra innegable de alegría. Salas de Lectura es un Programa donde uno aprende que tiene país, y bandera, e himno nacional e historia y Sedano y me mira con sus profundos ojos azules. No habla, pero puedo intuir lo que piensa. Se tomó unos tequilas con Fernando del Paso pero no supe de qué hablaron.

Te cuento que el Programa Nacional de Salas de Lectura creció. Claro, las personas que trabajan allí tienen una vocación a prueba de conjuros. Para prestar libros a lectores flotantes crearon los Paralibros, y hasta ahora han instalado más de 300 módulos de 365 ejemplares en 30 Estados que dan una imagen moderna del Fomento al hábito de la lectura. En Sinaloa tenemos 10, y en 2013 tenemos proyectado instalar otros 10. No tienes idea lo que le gusta a la gente este programa, cómo lo presumen y lo consideran un sueño. Estos días preguntan si va a seguir, y con perdón tuyo les digo que sí, que el Programa de Salas de Lectura tendrá mayor apoyo porque lo inventaron en el 95, cuando tú eras el presidente del Conaculta y abriste esta ventana que se convirtió en puerta. Vieras las sonrisas de los de Guasave, de los colimenses o de los de Escuinapa. Caray, creo que volvemos a ser ese gran país de la sonrisa cálida.

Los Librobicis se sumaron a la dignificación de los pueblos bicicleteros. Echa un ojo: un triciclo convertido en biblioteca rodante, recorriendo calles polvorientas, llegando a los parques, transformando el Club del pájaro muerto en un grupo de inquietos lectores de Los 120 días de Sodoma, El amante de lady Chatterley o Brama, de David Miklos. Por mencionar algunos de los milagros. Están funcionando 17, ¿imaginas cuántos podrían ser? Casi casi te digo que quiero uno para la Col Pop. Los Centros de formación lectora son auténticos pulmones de la cultura; acercan no sólo los libros a la gente, sino una idea de cómo la lectura es tan placentera que se pueden escuchar los latidos del corazón. Se ubican en zonas marginales. En Culiacán tenemos proyectado uno en un sitio donde cumplirá como 80 funciones, entre ellas la de provocar que los jóvenes recuperen la idea de que estar dentro de la ley es mucho más que cruzar cualquier calle con la frente en alto. Imagina a estas personas leyendo El Conde de Montecristo que al final perdonó. Es cierto, sólo tenemos en 12 estados; pero bueno, ahora estás tú allí, y estoy seguro que nos apoyarás para que en 2013 el Programa cumpla una de sus metas: llegar a 12 millones de usuarios. ¿Apoco no estamos clavados en la Biblia? Claro que sí.



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