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Editorial EL UNIVERSAL

Reconstruir el tejido social

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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12 de febrero de 2013

La estrategia meramente punitiva y militar de combate al crimen organizado mostró sus límites durante el sexenio anterior, en el que quedó claro que no sólo con balas y capacidad de fuego se puede vencer a los delincuentes, sino que esta lucha debe ser integral e internacional, porque de otra manera no hay forma de pegarles de raíz. Además de ir a detener criminales se requiere cerrarles la llave del dinero, complicarles la circulación de su efectivo, así como restablecer el tejido social roto en algunas zonas del país.

Que las comunidades se fracturen en su andamiaje político y su vida social es una reacción ideal para los delincuentes, que pueden dominar mejor dichos territorios sin ley, hacerlos dependientes de su dinero ilegal e incorporar sin problema a niños y jóvenes al crimen.

Por eso es importante que en verdad funcione el Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia que presentará hoy el presidente Enrique Peña Nieto. El plan tiene como objetivo recuperar el tejido social en más de 50 municipios de los ocho estados más afectados por la violencia y cuyos esfuerzos están dirigidos a los jóvenes.

Se habla de recursos iniciales de 3 mil 500 millones de pesos, los cuales tendrían que ayudar a trascender viejos sistemas asistencialistas que aportaban algo de dinero en empleos malos y algunas canchas deportivas; programas muy lucidores en su lanzamiento pero de poca duración y sin seguimiento en el tiempo, cuando un problema como el que enfrentamos requiere la inversión en al menos una generación completa de jóvenes para empezar a dar resultados.

El éxito de este programa requiere que no sólo la Federación sino los estados y municipios en verdad se comprometan a atenderlo. Nadie podría oponerse a sus nobles fines, pero la implementación del mismo requiere gran dedicación y ajustes sobre la marcha si es que la realidad o las particularidades de alguna zona así lo exigen.

Urge detener el crecimiento de una nueva generación de sicarios o líderes de bandas delincuenciales, lo cual sólo se conseguirá alejando a los niños y jóvenes de la violencia y enseñándoles que hay otro forma de vivir.



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