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Rosario Green

Segundo mandato

Licenciada en Relaciones Internacionales y Maestra en Economía. Catedrática universitaria y autora de libros sobre deuda externa y polític ...

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25 de enero de 2013

El lunes, en ceremonia pública, el presidente Obama prestó juramento para un segundo mandato. Lo hizo en medio de un ambiente en el que predomina lo económico. Después de un primer “arreglo” con los republicanos que evitó el “precipicio fiscal”, está por verse si los legisladores elevarán el techo de la deuda fiscal, eliminarán los recortes automáticos que se pospusieron por dos meses como parte del “arreglo” y aprobarán el presupuesto del gobierno federal. De no elevarse el techo de la deuda antes del 15 de abril, el gobierno podría suspender pagos.

Obama buscará operar esos temas que confrontan a demócratas y republicanos, con firmeza pero también con extremo cuidado buscando acabar con el debate fiscal para enfocarse en elevar el crecimiento económico, cuya tasa inercial es de 2%, y concentrarse en otros asuntos como la reforma migratoria integral, el control de armas de fuego y algunos más.

Poco tiempo tendrá Obama para la política exterior. Sabemos que buscará la salida de tropas estadounidenses de Afganistán. Deberá dedicar atención a China, frente a la cual se mostró inamistoso, por lo menos en ocasión de los debates durante su campaña. El Medio Oriente difícilmente saldrá de su óptica, pero dado lo que se lee acerca de la nueva riqueza petrolera estadounidense, el crudo de esa parte del mundo no debería ser la principal preocupación, sino más bien otros posibles desarrollos que tienen que ver con lo nuclear.

Sin duda, las prioridades domésticas de Obama tendrán un impacto importante en el exterior. Para México, cuyo crecimiento económico está estrechamente vinculado al de la economía estadounidense, mayor dinamismo en el norte será bienvenido. Lo mismo sucederá con otras políticas públicas estadounidenses.

En sus dos batallas por la presidencia, Obama ha contado con el apoyo del voto hispano para ganar las elecciones. Desde su primera campaña se comprometió con este grupo poblacional, cuyo número asciende a 52 millones (casi 17% de la población estadounidense). De ellos, 31.7 millones según la embajada de ese país en México, son de origen mexicano, de los cuales 11.6 millones nacieron acá y se supone que más de la mitad está en condiciones irregulares.

Obama no puede seguir postergando el tema de la reforma migratoria. No sólo para cumplir su compromiso sino porque está consciente de la importancia del voto latino y desea ampliarlo a favor de su partido. De ahí que no hable de amnistía sino de ciudadanización, no de todos sino de aquellos que cumplan con los criterios de idioma, impuestos, multas y trabajo. Algunos republicanos, como el senador Marco Rubio, se han pronunciado también a favor de una reforma migratoria, aunque no integral. Proponen dividir la legislación en partes para abordar por separado a jóvenes indocumentados o a inmigrantes altamente calificados. Esta buena disposición no evita rebeldías como la de la gobernadora de Arizona, que se niega a emitir licencias de conducir a los denominados dreamers.

Por lo que toca al tema del control de armas de fuego, después de tantas y tan dolorosas tragedias domésticas, Obama está decidido a dificultar su adquisición. Demócratas como el gobernador Cuomo, de Nueva York, han prohibido la venta de cargadores de municiones que contengan más de siete balas. Se espera que Obama anuncie una batería de órdenes ejecutivas contra las armas de asalto y los cargadores de alta capacidad, entre otras. Los avances en esta materia tendrán importantes repercusiones para México, pues las armerías en EU son la principal fuente de abasto para el crimen organizado.

Crecimiento, migración y control de armas serán asuntos domésticos estadounidenses, pero deben seguirse cuidadosamente, pues pueden dar lugar al nacimiento de una mejor relación bilateral.

 

Internacionalista



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