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Editorial EL UNIVERSAL

Tiempo de salir de las sombras

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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21 de enero de 2013

Cuando el presidente de Estados Unidos Barack Obama ganó su reelección el pasado 10 de noviembre, dijo en su discurso de victoria: “Esta noche ustedes votaron por la acción (...) para enfrentar los desafíos que sólo podemos resolver juntos: reducir nuestro déficit, reformar nuestro código fiscal, arreglar nuestro sistema de inmigración, liberarnos del petróleo extranjero.”

Dos meses han transcurrido y el Congreso de Estados Unidos sigue enfrascado en discusiones presupuestales, fiscales y más recientemente de control de armas, pero no hay visos del tema migratorio. Es muy pronto para vaticinar otro cuatrienio de inacción en este tema. Aun así, México y sus ciudadanos radicados en Estados Unidos no pueden darse el lujo de dejar el asunto para otro momento. La coyuntura de la importancia sin precedentes del voto latino en 2012 podría perder su frescura en la agenda pública.

No es exagerado decir que el presiente le debe su reelección, en gran medida, al voto hispano. Éste le favoreció en más de 70%. Una cifra alta si se considera que Obama no sólo no cumplió con la promesa de una reforma migratoria en su primer año de mandato, sino que además batió récord de deportaciones.

Pasadas las elecciones, incluso los integrantes del tradicionalmente antiinmigrante partido republicano tuvieron que reconocer que la reforma tendría que discutirse. Las percepciones también han cambiado en el público en general. En noviembre pasado una encuesta realizada entre ABC News y The Washington Post arrojó que 57% de los estadounidenses apoyaban una vía para regularizar a los indocumentados.

Esta es quizá la primera vez en 12 años, después de los trágicos atentados del 11 de septiembre, que se abre una ventana favorable para los connacionales en el vecino país. La propia lección del 9/11, sin embargo, debería motivar a los impulsores de la reforma a presionar por una rápida propuesta legislativa. Otro evento inesperado podría ocurrir que haga a los estadounidenses cerrarse de nuevo a la posibilidad de una “amnistía” para los indocumentados. Lo ideal sería aprovechar la actual coyuntura.

Los mexicanos, aun los que no tienen papeles, son un detonante económico para EU. Ciudades como Baltimore, San Francisco y Chicago les han dado la bienvenida. Con estos nuevos vientos a favor, es hora de que las organizaciones civiles hispanas y los connacionales en general abandonen las sombras.



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