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Esteban Moctezuma Barragán

Renuncia en Gobernación

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca. Fue secretario de Gobernación durante los primeros años del sexenio de Ernesto Zedillo y, posterio ...

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11 de enero de 2013

Eran las 2 a.m. del 5 de enero de 1995. Estaba saliendo de mi casa rumbo a la selva lacandona. No enfrentaría un día común. Tenía una entrevista con el Subcomandante Marcos. Era en ese momento secretario de Gobernación y me iba a transportar a Guadalupe Tepeyac, sin seguridad alguna, a negociar la paz.

Al voltear a ver a mi familia dormida, sentí la posibilidad de no volver a verlos. Entrar sólo como secretario, al cuartel general del EZLN, era un riesgo personal enorme, pero lograr un acuerdo de paz era un beneficio mayor para el país.

En el gobierno federal había dos posiciones encontradas: la de quienes querían acabar con el EZLN por la fuerza represiva y rápido, porque afectaba “la economía” y quienes estábamos convencidos de crear antes, todas las oportunidades serias y viables de negociación.

Esta última estrategia se definió entre el presidente Zedillo, el general secretario de la Defensa Nacional Enrique Cervantes Aguirre y el secretario de Gobernación.

A partir de esa reunión, acordé con el Presidente un plan de acción y todos los días le informaba sobre cada paso que daba, incluida mi búsqueda de un interlocutor para sentarme lo antes posible frente a Marcos.

Ya se había dado un encuentro en 1994 entre Manuel Camacho, representando al gobierno federal y el EZLN. Se reunieron en la Catedral de San Cristóbal de las Casas, rodeados con la protección del ejército.

En contraste, busqué una negociación sin medios, sin publicidad, que buscaba un acercamiento de fondo. Me ofrecí a ir a Chiapas. Las cámaras vendrían después para informar.

Hablar con la prensa antes de que se geste un acuerdo no siempre es una buena idea.

La reunión con Marcos se prolongó por más de tres horas. Se trazó un proceso que llamamos “Pasos hacia la Paz” en donde ambas partes teníamos la obligación de cumplir con acuerdos específicos.

Parte de mi compromiso fue que el Ejército se retirara de algunos puntos, como San Andrés Larráinzar y Marcos aceptó un grupo de ciudadanos que intervendrían en una negociación formal y abierta en un par de semanas más.

No había llegado a México y ya le había comunicado la negociación a Zedillo, con la que estuvo totalmente de acuerdo ya que correspondía a la estrategia y plan de acción definidas. Empezó a distensarse la situación.

Al día siguiente Marcos escribió: “Me amenaza el desempleo”, lo que significaba que avanzaba rápidamente la posibilidad de un acuerdo de paz.

Inexplicablemente, el presidente Zedillo tomó una serie de decisiones que rompían totalmente con lo acordado con Marcos, al grado de enviar al Ejército a capturarlo con orden de aprehensión en mano. Marcos me envió un nuevo mensaje “Nos vemos en el infierno”.

Después del 9 de febrero, esta situación me obligó a presentarle al Presidente, por primera vez, mi renuncia a la Secretaría de Gobernación. Lejos de aceptármela, me pidió reestablecer las condiciones de diálogo para llegar a una negociación.

Acepté encargarme, aunque era una empresa casi imposible, porque lo contrario hubiera sido un baño de sangre indígena.

Finalmente se reestableció el diálogo a través de Luis Maldonado, mi subsecretario y la paz se logró con la Cocopa.

Hoy, el EZLN se manifiesta en forma pacífica y el gobierno parece encauzar sus puntos de vista internos encontrados, en una sola voluntad: la del Presidente. En este tema otro fuego amigo sería fatal.

emoctezuma@tvazteca.com.mx
Presidente Ejecutivo de Fundación Azteca



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