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Miguel Carbonell

El desastre municipal

Licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, España e Investigador ...

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10 de enero de 2013

La detención de varios alcaldes del Chiapas no es más que la punta del iceberg de un grave problema que pone en tela de juicio el avance de la democracia mexicana e incluso el futuro completo del país. Los estados y municipios de México siguen viviendo, en su mayoría, bajo la lógica de sistemas autoritarios en los que presidentes municipales y gobernadores se conducen como verdaderos caciques.

El robo a las arcas municipales sigue siendo una tradición inveterada de la que se habla y se sabe mucho, pero contra la que se hace muy poco o nada. Y a eso hay que sumar el escándalo de las deudas municipales, gracias a las cuales muchos pequeños políticos locales han pavimentado (con dinero ajeno) sus carreras políticas y han ensanchado considerablemente su patrimonio. La situación es verdaderamente crítica y apremiante. Los datos no permiten ningún tipo de serenidad. Arrancamos el año con una deuda local (de estados y municipios) de más de 404 mil millones de pesos.

En casi todas las entidades hay problemas. En el Estado de México, por ejemplo, más de 60 municipios suspendieron pagos de nómina o pagos a proveedores el año pasado por falta de fondos. La deuda municipal allí supera los 30 mil millones de pesos. Es ridículo y peligroso que municipios como Ecatepec deban más de 2 mil 200 millones de pesos; o que otros como Atizapán y Naucalpan deban más de 2 mil millones. Tenango del Valle aumentó su endeudamiento en 544% entre 2009 y 2010, sin que nadie llamara a cuentas al equipo encargado de la administración municipal. Los municipios mexiquenses tienen deudas, por ejemplo, de más de 9 mil millones de pesos en materia de agua y alcantarillado, algo tan básico. Historias parecidas han aflorado en Michoacán, en Guerrero y en un largo etcétera.

Mientras en muchos países se imponen —a veces a la fuerza, como en el caso de Grecia, Irlanda, Italia o España— las políticas de austeridad y responsabilidad presupuestaria, en México nuestros presidentes municipales derrochan como si el mañana no existiera. Para ellos no parece significar nada el deber de dejar en condiciones óptimas la situación económica de su municipio para que las generaciones futuras no vivan con la soga al cuello que implica una abultada deuda.

Los municipios salieron buenos para gastar, pero malos para cobrar. Varios informes de la OCDE han advertido desde hace años que los municipios desaprovechan fuentes de ingresos locales que han dado buenos resultados en otros países, pero que en México se desperdician porque no hay la voluntad suficiente en los propios municipios para cobrar los impuestos respectivos. Eso sucede, en muchos casos, con el predial y el impuesto por el suministro de agua; muchas personas no pagan esos tributos debido a que la negligencia municipal favorece la evasión.

Las arcas municipales dependerían mucho menos de las transferencias federales si cobraran lo que la Constitución les permite cobrar. Y además esas contribuciones, realizadas por los vecinos, darían como resultado que los propios contribuyentes estuvieran más atentos al destino del gasto y al buen uso del dinero público. La cercanía de los contribuyentes generaría más atención y seguimiento sobre la manera en que se gastan el dinero las autoridades municipales.

Dentro de las malas noticias que nos trae el desastre municipal en el que vivimos, lo peor de todo es que parece haber una inaceptable falta de supervisión y control: nadie revisa, nadie llama a cuentas, nadie pide responsabilidades, nadie supervisa el buen uso de los recursos, nadie responde por los errores cometidos o por los faltantes en las haciendas locales. Seguimos viviendo en una especie de tiranía local, amparada en la opacidad del gasto, en la ausencia de fiscalización y en una muy mala comprensión de lo que debe ser la autonomía de los municipios, la cual equivale en ocasiones a una licencia para robar sin límite.

Un país tan grande como México, con una diversidad tan significativa, no puede ser gobernado con eficacia desde el centro. El federalismo es una necesidad histórica y geográfica. Por eso mismo, el fortalecimiento de los municipios es una pieza clave de la gobernabilidad del país. Pero dicho fortalecimiento debe pasar por una escrupulosa rendición de cuentas, que acabe con las pésimas gestiones municipales que hemos visto en los años recientes.

 

@MiguelCarbonell
Investigador del IIJ de la UNAM



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