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José Fernández Santillán

Límites y alcances del nuevo gobierno

Recibió el título de doctor en Historia de las Ideas Políticas por la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Turín (1983); se ...

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28 de diciembre de 2012

Tengo la impresión de que algunos colegas dedicados al análisis político se quedaron anclados en la discusión electoral de hace seis meses. Les sucede lo que a los pasajeros de las aeronaves que atraviesan varios usos horarios en diez o doce horas: traen el reloj biológico y mental atrasado. Ese jet lag, también conocido como “disritmia circadiana” los descontroló y los desubicó. En este caso, les hace repetir las mismas frases que utilizaron los partidos en la competencia por la presidencia de la república; estos viajeros trasnochados echan mano de los mismos estribillos para tratar de interpretar la realidad actual.

Por ejemplo: no hay de otra, la llegada del PRI al poder es un retroceso; los ciudadanos manipulados por Televisa y TV Azteca revivieron a los dinosaurios. Y de allí no los sacas. No hay capacidad para desdoblar el análisis y ver qué es lo que se presenta como horizonte problemático.

No obstante, un cúmulo de nuevos factores e interrogantes se plantean en el sistema político mexicano. Pongo a consideración el tema de la lucha de poder y la política económica. Me explico: luego de por lo menos tres décadas de dominio de la tecnocracia neoliberal, regresa verdaderamente al mando el PRI. Esto se refleja en la composición del gabinete del Presidente Enrique Peña Nieto. En él, hay personajes con trayectoria política, pero también hay tecnócratas. Se trata de un grupo de colaboradores con una composición mixta y, en consecuencia, potencialmente problemática. Los políticos y los tecnócratas no piensan ni hablan igual.

La incógnita es la siguiente: ¿para dónde va a caminar la política económica? ¿Se orientará a resolver a fondo los estropicios sociales causados por estos largos años de neoliberalismo o tan sólo paliará superficialmente dichos estropicios?

El neoliberalismo produjo en México, como en muchos países, una obstrucción en el vértice de la pirámide. Concentró el poder y la riqueza en unas cuantas manos. Y ese es, a mi parecer, el verdadero reto al que se enfrenta la democracia mexicana y, por tanto, el gobierno de Enrique Peña Nieto. Para decirlo con Danilo Zolo: "La evolución de las instituciones democráticas, por lo menos en los dos últimos siglos, había experimentado un progreso constante: de la afirmación revolucionaria de los derechos del hombre y del ciudadano a la conquista posterior del sufragio universal, a la tutela constitucional de los derechos sociales.

Esta parábola histórica... se ha detenido bruscamente ante un verdadero y propio cuello de botella evolutivo, cuyos riesgos son evidentes en la crisis del Estado social contemporáneo y en la involución de la democracia autoritaria, tecnocrática y neoliberal" (Il Principato Democratico, Milán, Feltrinelli, 1992, p. 132).

Luego de cinco sexenios al hilo practicando la misma política económica es evidente que las estructuras sociales y políticas se han polarizado al extremo. Basta recordar que mientras más de la mitad de la población se encuentra en la pobreza tenemos, al mismo tiempo, al hombre más rico del mundo.

Durante esos cinco gobiernos ocupó un lugar prominente en la toma de decisiones esa tecnocracia neoliberal. De lo que se trata ahora es de que se instale en el puesto de mando la política o, más concisamente expresado, la política democrática con responsabilidad social y que subordine a los tecnócratas y el dogma que profesan a las necesidades dictadas por el interés público. Que el gobierno deje de servir a una oligarquía que ha disfrutado de los beneficios del monetarismo.

México necesita redistribuir el poder y la riqueza que se acumularon en unas cuantas familias y que ha sido causa fundamental del debilitamiento de la nación. El reto consiste en romper ese “cuello de botella evolutivo” y dar cauce a las energías sociales y económicas en ebullición.

 

Profesor de Humanidades del Tecnológico de Monterrey (CCM)



Editorial EL UNIVERSAL La palabra original


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