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Porfirio Muñoz Ledo

El poder y el saber

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD, senador, di ...

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25 de diciembre de 2012

Hay años más encrespados y tensos que otros. Este 2012 lo fue para los mexicanos por la exacerbación de la violencia y por unas elecciones convulsas. Para el imaginario colectivo universal encarnaba la posibilidad, aún remota, del fin del mundo supuestamente profetizada por nuestros ancestros mayas.

Este fue para mí un periodo de gran intensidad en labores parlamentarias, viajes internacionales que las acompañaron, algunos incidentes de salud y la reanimación de estímulos para continuar en la tarea. Preparación de libros que todavía no han visto la luz pública y de algunos proyectos democráticos que espero puedan pronto culminar.

Parte significativa de mis empeños fue la encomienda que recibí para participar en la Veeduría Internacional sobre la Reforma de la Función Judicial en Ecuador. He escrito ya que se trata de un esfuerzo de grandes proporciones para modificar a una estructura fundamental del Estado. Viajé durante este año cinco veces a varias de las provincias de ese país en un proceso de seguimiento escrupuloso que nos llevó a la inmersión de la historia misma de las instituciones de América Latina, de sus desigualdades y de sus luchas libertarias. Produjimos hace apenas dos semanas un informe final que intenta dar cuenta con objetividad e imparcialidad de los éxitos y las fallas de ese proceso.

En la ceremonia final agradecí ,a nombre de mis compañeros, el que nos hubiesen invitado a participar con toda libertad en el desarrollo de un evento nacional, al margen de cualquier prurito “soberanista”. Destaqué que se trataba de una presencia externa pero históricamente conocedora de la realidad iberoamericana que compartimos. Hice público mi sueño de que por medio de trabajos de cooperación vayamos abriendo el camino para adquirir la ciudadanía complementaria de uno o varios países de la región, que sería una manera válida de pavimentar las instituciones de una verdadera integración.

Estos viajes abonan también en el reencuentro de relaciones amistosas que son a su vez sustento y reflejo de nuestras trayectorias políticas. Me he encontrado en estas visitas a Quito con un antiguo y entrañable amigo, Rodrigo Borja, que fue presidente de su país entre 1988 y 1994. Hemos recordado la forma azarosa en que llegué a su toma de posesión un mes después del fraude electoral que llevó al poder a Carlos Salinas. La presión del gobierno mexicano para que no pudiese entrevistarme con dirigentes políticos de diversas latitudes y explicarles las dimensiones del abuso cometido.

Rodrigo es un socialdemócrata ejemplar del tiempo en que nos encontrábamos los militantes de centro-izquierda a nivel global. El tiempo de su mandato correspondió a los principios de la era neoliberal y fue uno de los pocos que encaró con rectitud los desafíos del Fondo Monetario Internacional. Mereció el respeto y la amistad de los líderes de esa época.

Dedicamos una velada excepcional para recordar la trayectoria de los más significativos. La de Willy Brandt, que fue nuestro sabio maestro; la de François Mitterrand, la fuerza de la inteligencia; la de Olof Palme, la integridad política; la de Mario Soares, la camaradería humanista; la de Shimon Peres y su lucha contracorriente; e incluso la astucia sevillana de Felipe González. Todo aquello por lo que soñamos y que fue finalmente derrotado: la lucha por la igualdad en una sociedad democrática.

Pero lo más admirable de estas pláticas ha sido el testimonio de mi amigo por trascender los fastos del poder con la integridad de la dedicación al trabajo intelectual. Durante 19 años, con una tenacidad admirable y teniendo como único interlocutor a su computadora, se ha dedicado a escribir y ampliar en sucesivas ediciones de su Enciclopedia de la Política. Todo lo que en ella ha escrito es fruto de sus experiencias, estudios y reflexiones personales. Lo ha hecho desde la conducta ascética de un antiguo deportista y de un demócrata ejemplar. Casi al término del año y en el vórtice de una transformación personal, que aspira a la congruencia, quisiera compartir una reflexión sobre el equilibrio entre el poder y la sabiduría que heredamos de la antigua Grecia.

 

Político



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