aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Manuel Gil Antón

¿Reforma educativa?

Manuel Gil Antón. Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Durante 30 años lo fue de la Universidad Autónoma ...

Más de Manuel Gil Antón



ARTÍCULOS ANTERIORES


Ver todos sus artículos
22 de diciembre de 2012

Hay en México 77.8 millones de personas mayores de 15 años. Más de cinco millones (5.4) son analfabetas, 10 no terminaron primaria y 16.5 se fueron sin concluir la secundaria. En conjunto, 32 millones en rezago educativo. Cuatro de cada diez en ese rango de edad no pudieron ejercer el derecho a la educación obligatoria que manda la Constitución (Datos del documento de la UNAM). Propongo llamar a esta situación, de una manera más precisa, rezago escolar pues el dato deriva de los años cursados.

Hay, junto con este problema, otro y peor: la mayoría de los estudiantes que sí terminan la secundaria, al ser examinados, no saben escribir ni comprender lo que leen, o realizar cálculos elementales: 80%. Este fenómeno puede nombrarse rezago educativo sin rezago escolar.

Si habiendo terminado los estudios no se dominan las destrezas básicas, mucho menos cuando se ha dejado de asistir a la escuela. Por ende, todo el rezago escolar tiende a ser rezago educativo, y el egreso de la secundaria, para 8 de cada 10, significa contar con un certificado sin capacidades fundamentales para aprender. Al continuar estudiando, llevarán consigo ese lastre académico que explica, en parte, la salida prematura de cientos de miles en los niveles posteriores.

El rezago escolar más el rezago educativo sin rezago escolar es enorme. Al 41% que no pudo terminar los 12 años obligatorios, hay que sumar a los egresados de secundaria que, aprobados, no saben lo que se ha de saber, ya sea que sigan o dejen de estudiar. El panorama, entonces, es grave: si dejas la escuela, o te deja la escuela, no hay capacidades básicas; y si aguantas hasta terminar la secundaria, en una alta proporción, tampoco. La desigualdad social condiciona el abandono, y la ineficiencia de los procesos de aprendizaje conduce a la culminación formal sin aprendizaje de la mayoría.

Ante este panorama, lo que se ha llamado reforma educativa es, con precisión, el intento de modificar las relaciones (otra forma) de gobierno, control y conducción del sistema educativo. Son, en el mejor de los casos, condiciones necesarias, pero no suficientes, para enfrentar el desbarrancadero en que se encuentra el aprendizaje de la población en el país.

Una vez escritos los cambios en la Constitución, palabras, viene la prueba del ácido: los procedimientos, mismos que se reflejarán en la reforma a la Ley General de Educación y la conformación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa con la autonomía del INEE. El diablo, o el éxito, estarán en los detalles.

Así las cosas, comparto algunas preguntas: el Servicio Profesional de Carrera, ¿será organizado de tal manera que sean los profesores, a través de comisiones dictaminadoras de pares, los que lleven a cabo los concursos de oposición para el ingreso, y posteriormente evalúen el desarrollo de las y los maestros? Eso sería lo propio, y central, de una actividad profesional.

Los concursos de oposición o valoraciones para el desarrollo de la carrera docente, ¿se reducirán a exámenes de opción múltiple, o se adecuarán a la complejidad del trabajo para generar ambientes de aprendizaje? ¿EL INEE evaluará al sistema educativo, o se habrá de encargar, además, de organizar, y llevar a cabo, los mecanismos de ingreso, promoción y permanencia de todos los profesores?

La encomienda es distinta y tiene consecuencias muy diferentes. Si se modifican los procedimientos para ser docente y las condiciones de su desarrollo, ¿cambian, y cómo, los acuerdos establecidos en las Condiciones Generales de Trabajo entre el SNTE y la SEP? ¿Para todos o sólo para los nuevos contratos? ¿Se modificará la noción de “definitividad” en el puesto una vez que se obtiene la plaza, si ha sido la demanda, y el logro, central de los sindicatos, traducido como inamovilidad en el empleo?

Hay muchas más preguntas. Pienso que sus respuestas tienen que tener, como rumbo, reducir cuanto antes el rezago educativo. Que todos estén en la escuela, aprendan lo que vale la pena para pensar y sean críticos de un país que, entre otras cosas, ha llevado a su sistema educativo a este desastre: no aprendes lo necesario si te vas o te quedas en la escuela. Vaya contradicción.

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México



ARTÍCULO ANTERIOR ¿Reforma educativa?
Editorial EL UNIVERSAL No temer a la reforma


PUBLICIDAD