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Pofirio Muñoz Ledo

Pactismo y pluralismo

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD, senador, di ...

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11 de diciembre de 2012

Hace unos días que fue suscrito el Pacto por México con un alarde de propaganda y aires de restauración de la pompa del Estado, tras dos sexenios de frivolidad panista. Los acuerdos capaces de pavimentar el progreso nacional deben ser acogidos con beneplácito, sobre todo aquellos que reflejen la voluntad genuina de los firmantes y prevean métodos verificables de implementación. No así los que sólo impliquen la cooptación del poder y mermen los avances de nuestro pluralismo.

El evento merece ser contemplado desde diversos ángulos. Tiene desde luego el sabor de los actos de “unidad nacional” que proliferaron, bajo diversas modalidades, durante el antiguo régimen para atenuar las tensiones que habían provocado las acciones revolucionarias del presidente Cárdenas. Sirvieron para asentar el poder del gobierno sobre bases más amplias, escondieron con frecuencia pactos de complicidad y estuvieron en el origen del llamado “desarrollo estabilizador”.

Como aquellos, este significa también un escenario legitimador independiente del proceso electoral. Ahí queda para la iconografía la imagen de los dirigentes de los tres principales partidos y del mandatario entrante colocando sus manos sobre un texto que no es precisamente el de la Constitución. Se trata del documento que recoge entendimientos tejidos con celeridad que desarrollan y confirman el programa anunciado por el gobierno e incluyen algunas concesiones para los suscriptores. No es un proyecto cabal para la reforma del Estado, pero hace explícita la propuesta de fortalecer su rectoría en aspectos fundamentales como la educación y las telecomunicaciones.

No aparece ningún cambio sustantivo en la política neoliberal y antes bien se afirman algunos de sus dogmas como la ausencia absoluta del déficit fiscal. A la ampliación de programas sociales no corresponde una suma de recursos capaces de sufragarlos como no sea por la vía recaudatoria. La reforma hacendaria que se ofrece tiene adjetivos pero carece de perfiles concretos. Hay graves faltantes, como el indispensable incremento de los salarios, sin el que no se expandirá el mercado interno y no llegará el crecimiento económico prometido.

El conjunto contiene afirmaciones de muy distinto calado y acciones de muy diversa envergadura: desde expresiones de buena voluntad hasta decisiones administrativas ordinarias, pasando por reformas legales y aun constitucionales. Destacan por su precisión algunos capítulos, como el dedicado al DF. Prevé su plena autonomía a través de una constitución propia y la creación de gobiernos colegiados de composición plural en vez de las delegaciones y propone como método para llevar a cabo las reformas una mesa nacional de negociación.

Si bien en un apartado se habla del fortalecimiento del federalismo, en otro se compromete a “implantar” en todo el país un código penal y un código de procedimientos penales únicos, lo que plantea una uniformización que pudiera ir en detrimento de los instrumentos jurídicos más avanzados en temas por demás sensibles y sería susceptible de provocar un sinnúmero de controversias constitucionales.

Los planteamientos en materia de partidos y elecciones eran inevitables a la luz de lo ocurrido en los anteriores comicios. Destaca la expedición de una ley que rija la actividad de estas organizaciones, así como la disminución de los gastos de campaña y la inclusión de causales de nulidad por uso ilegal de recursos o compra de cobertura informativa. También la revisión de los tiempos de radio y televisión para impulsar la cultura del debate político.

Subrayo la apertura hacia un cambio de régimen político por la vía de dar al presidente la facultad de establecer una coalición de gobierno. Se trataría de “construir un acuerdo con una o varias de las fuerzas opositoras para conformar una mayoría estable”, con programa de gobierno y agenda legislativa preferente. Lo que ya hicieron a través de los acuerdos que aquí comentamos, aunque todavía esté pendiente el gabinete de coalición que la reforma vislumbra. Queda igualmente por definir la manera de renovar nuestro gran pacto —la Constitución de 1917— en su bicentenario.

 

Político



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