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Ricardo Raphael

Margen de maniobra para el Estado

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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10 de diciembre de 2012

No han transcurrido más de 200 horas desde que Enrique Peña Nieto tomó posesión y, sin embargo, su presidencia ya se hizo sentir con fuerza. Los nombramientos para su gabinete y el discurso de arranque traen sorprendido a más de uno, y es que muchas predicciones que se hicieran durante la campaña electoral resultaron falsas y otros tantos lugares comunes terminaron despejados.

Según la hipótesis general, el regreso del PRI a Los Pinos fue posible porque el abanderado presidencial priísta cedió desde el principio a una negociación desventajosa con los llamados poderes fácticos.

Y, sin embargo, apenas se colocó la banda, el nuevo jefe del Ejecutivo dirigió, primero solo y luego acompañado por las fuerzas partidarias, un mensaje precisamente en contra de tales poderes, y para hacer creíble su compromiso hizo nombramientos de personalidades que, en efecto, guardan distancia, por ejemplo, con las televisoras o la cúpula magisterial.

Para no perderse la trama de las decisiones vale la pena observar la currícula de algunos de los nuevos operadores del gobierno peñista. En la subsecretaría de Gobernación, responsable de la normatividad y la relación con los medios de comunicación, fue designado Eduardo Sánchez Hernández. Hombre cercano a Joaquín Vargas, cabeza de MVS, empresa que recientemente estuvo a punto de perder la frecuencia 2.5 GHZ por un acto administrativo del presidente anterior. Entonces se supuso que Felipe Calderón le estaba haciendo el trabajo sucio a Peña en favor de Televisa. Sin embargo, este nombramiento deja en claro que, al menos en Gobernación, tal empresa tendrá menos cosas que decir que sus adversarios.

Bajo esta misma lógica vale observar el nombramiento de Ignacio Peralta Sánchez en la Subsecretaría de Comunicaciones de la SCT. Este funcionario fue antes presidente municipal de Colima, donde se labró reputación de hombre incorruptible, no sólo en el plano económico, sino también en el de la honestidad intelectual. Peralta no tiene previamente vínculo alguno con este sector y probablemente por ello lo colocaron ahí. Nombramiento que, en este caso, no carga los dados hacia nadie en particular.

Del lado de la política educativa el patrón vuelve a repetirse. La supuesta aliada de Peña, Elba Esther Gordillo, nada tuvo qué decir con respecto a los nombramientos en la SEP; todavía más, Peña Nieto entregó los cargos principales a actores que guardan un largo historial de distancia con respecto a la máxima dirigente magisterial. Emilio Chuayffet fue el señor que operó la sustitución de Gordillo en la bancada priísta de diputados en 2003, y también el beneficiario directo de aquella circunstancia. Luego, para la Subsecretaría de Educación Básica el nombramiento recayó en Alba Martínez, quien, lleva suficientes años denunciando el arreglo mafioso y corrupto entre el SNTE y las autoridades del Estado. Quien la haya seguido de cerca podrá corroborar que se trata de un perfil anticlimático para los intereses de la actual cúpula magisterial (hoy se anuncian las líneas generales de la reforma educativa y nada será más interesante que observar los gestos de la señora Gordillo, si asiste al evento).

Aunque lo anterior le ha ganado rápidamente legitimidad al actual presidente mexicano, no es ocioso preguntarse cuáles son los verdaderos motivos detrás, tanto de las decisiones como de los discursos. Habrá quien crea que Peña Nieto está siendo un fiel operador del deseo ciudadano y están también los incrédulos que aseguran saber a ciencia cierta donde acecha el gato encerrado.

Tengo para mí que la intención principal de tales decisiones poco o nada tiene que ver todavía con las grandes reformas que requiere el país, sino con la recuperación, para el gobierno de la república, de un margen de negociación y maniobra que, frente a estos dos temas y tantos otros, se extraviara durante los últimos 12 años. El Estado mexicano no podía continuar siendo pieza subordinada ni desafiada por intereses sesgados, so pena de volverse inútil para el arbitraje de los grandes asuntos nacionales. Los nombramientos y el discurso aludidos son, por lo pronto, sólo un movimiento hábil para que algunas decisiones fundamentales regresen al ámbito de lo público, de donde nunca debieron haber salido.

 

Analista político



Editorial EL UNIVERSAL Meter orden en educación


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