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Manuel Gil Antón

Educación: dudo, luego insisto

Manuel Gil Antón. Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Durante 30 años lo fue de la Universidad Autónoma ...

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08 de diciembre de 2012

Somos proclives a la esperanza o al pesimismo. De lejos viene la confianza ciega en la renovación cíclica de lo que nos atañe. Sexenales por hábito en la cosa pública. O la certidumbre que el cambio no será sino el regreso del peor recuerdo cuando nos gobernaban, bajo las mismas siglas, (casi) los mismos señores, ignorando que México es diferente.

En el sol de hoy ocurre la segunda alternancia, doce años después del arribo de un Presidente de otro partido. Hay una lección frente al optimismo, en materia educativa, que podría tomarse en cuenta para atemperarlo: la llegada del PAN al ejecutivo sí sacó al PRI de Los Pinos, pero no por ello modificó la estructura del régimen que prexistía.

Los tradicionales procesos, usos y costumbres en las relaciones del Estado con la sociedad, lejos de ser sustituidos, se fortalecieron. Así fue con el corporativismo, uno de los pilares de la estabilidad política concebida como respeto y consolidación de las reglas no escritas, torcidas, del viejo arreglo con los que de verdad cuentan. Nuevos personajes no aseguran transformar las cosas.

Mudanza en Palacio. Acciones y anuncios: el Presidente nombra, en la SEP, a Chuayffet; declara que “ha llegado el momento de la reforma educativa”, enviará al Congreso la iniciativa de reforma al artículo Tercero y la Ley General de Educación. Con ella, anticipa, se pondrán las bases para el Servicio Profesional de Carrera Docente (SPCD), instrumento que establecerá las condiciones de ingreso, promoción y permanencia en el oficio, basadas en el trabajo y el mérito. Contaremos, dijo, con un Sistema Nacional de Evaluación Educativa (SNEE), capaz de identificar necesidades y logros de los que en lo educativo intervienen. El Pacto por México coincide en los objetivos. ¿Campanas al vuelo o descalificación anticipada? Hay otro camino: la duda razonable que conduce a la cautela ciudadana.

No es la primera vez que se anuncia el advenimiento, ahora sí, de la reforma educativa. Cambios en la ley, como el del bachillerato obligatorio, suelen ser demagogia pura. La lectura infantil que celebra la enemistad entre el Secretario y la que manda en la cúpula del SNTE ignora que en estos asuntos no hay amigos o enemigos: privan los intereses. Se augura el retiro de la señora Gordillo como si, de suceder, la educación nacional floreciera de inmediato. ¿Ya olvidamos la entrega presidencial, a la profesora, de los hilos que estaban en manos de Jonguitud? Simple variación en el mando, y algunos beneficiarios, del manejo corporativo del magisterio.

Instaurar el SPCD, si se establece, para modificar prácticas establecidas por años requiere socios, muchos profesores que lo conformen fuera del control del SNTE, ese conjunto enorme de interesados con intereses, atados y bien atados, en todo el país. En materia de evaluación, el SNEE ha de distinguir que evaluar al sistema no es valorar el trabajo de los profesores, por ejemplo, para darles dinero adicional a los “mejores” según el logro educativo de sus alumnos en una prueba inservible como ENLACE. Calma, prudencia: esperemos los mecanismos antes de celebrar frases hechas.

Es muy caro mandar un menaje a la maestra otorgando a Chuayffet la SEP, si están muy baratas las tarjetas en las papelerías. Decretar la Reforma Educativa es costumbre de todos los presidentes. Hacerla y que llegue al salón de clases es lo difícil y tarda: no es cuestión de deseos sino de estrategias de hondo calado. Modificar al cacique en turno no toca al pacto corporativo. Sin apoyo de los maestros, la carrera profesional docente no irá, así se considere necesaria. La evaluación coordinada requiere información de la que carecemos o se oculta.

Conceder el “beneficio” de la duda es propio de quien espera todo de las alturas, no de ciudadanos. La atención cuidadosa a los medios que se establezcan; sostener la posición crítica; no irnos con la finta de una acción espectacular como suficiente para que brote la calidad; exigir desde varios frentes que el aprendizaje sea posible para todos, especialmente los más pobres, es, creo, lo que nos toca. Cuidado. Como dice León Felipe, “Digo tan sólo lo que he visto: a la cuna del hombre la mecen con cuentos”.

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México



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