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John Bailey

La seguridad: tres impresiones

Dirige el Proyecto México en la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown. De 1980 a 1990 fue director del seminario sobre ...





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02 de diciembre de 2012

La seguridad pública fue la prioridad del presidente Calderón. Para la mayoría de los mexicanos su legado inmediato son las 50 mil muertes atribuidas a la “guerra contra el crimen organizado”. Pero eso no es todo el cuadro. De los ríos de palabras, números e imágenes acerca de la seguridad en los últimos seis años, hay otras tres impresiones.

Primera: si la seguridad fue la prioridad, ¿cuál era la prioridad número uno en materia de seguridad? El presidente Calderón lanzó docenas de iniciativas ¿qué era lo que realmente importaba? El Presidente le dijo a The Washington Post : “Me gustaría empezar con la Policía Federal (PF). Quiero entregar a mi pueblo, un nuevo cuerpo de policía más limpia a nivel federal”.

Esperemos que haya “limpieza” dentro de la PF y que los informes de prensa acerca de la mala conducta policial en el aeropuerto de la ciudad de México y en Tres Marías sean excepciones lamentables. De alguna manera las enormes inversiones en la Policía Federal y SSP produjeron una reforma desequilibrada que descuidó a la PGR y a la administración de justicia.

Segunda: The New York Times, en 2011, preguntó al presidente Calderón: “En cuanto a su enfoque anticrimen, ¿si tuviera la oportunidad de hacerlo de nuevo, qué haría diferente?” El Presidente respondió: “Yo creo que evidentemente en cualquier política pública se va generando aprendizaje que nos ha permitido ir perfeccionando la estrategia... Creo que una de las cosas que hubiera hecho distinto o más a profundidad es la reconstrucción institucional particularmente en estados y municipios”. El Presidente continuó diciendo que el grado de fragilidad institucional, deterioro y corrupción en los niveles estatales y locales demandaron una reconstrucción agresiva y decidida al comienzo de su administración. El gobierno no tenía suficiente información, en ese momento, sobre el grado de penetración criminal en la policía y otras instituciones. Calderón tampoco pudo haber previsto la pasividad y falta de cooperación de muchos gobernadores y alcaldes.

Tercera: coordinación entre las agencias del gobierno para trabajar juntas. Estaba claro que la SSP y la PGR estaban en constante batalla, y que finalmente ganó la SSP. Pero el Presidente se quejó con frecuencia de la falta de trabajo conjunto como un obstáculo para la implementación de programas efectivos. Por ejemplo, EL UNIVERSAL, el 2 de octubre de 2008, informó que “el mandatario explicó que prevalece una ‘errónea fragmentación’ de mandos que ha generado una división orgánica de los cuerpos policiales, falta de coordinación e incluso, una ‘lógica de rivalidad’ entre las distintas agencias”. El Presidente llegó a quejarse de “una carencia total de coordinación” al respecto de los protocolos de la policía y formas de organización.

Ahora que Enrique Peña Nieto asumió el cargo, tanto él como el país se beneficiará de las inversiones y aprendizaje heredados de Calderón. La reforma desequilibrada en su sexenio permite hacer ajustes en el que inicia. La administración entrante aparece más consciente de los problemas de coordinación y ha introducido reformas administrativas. Sólo podemos esperar que el desarrollo institucional en los niveles estatales y locales dé mejores condiciones de administración para diseñar e implementar políticas más efectivas de seguridad pública en los próximos seis años.

Director del Proyecto México en la U. de Georgetown



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