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José Carreño Carlón

La violencia, legado de FCH a perpetuidad

José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos ...

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28 de noviembre de 2012

A menos de 72 horas del fin de su gobierno, Felipe Calderón cierra con una batería de declaraciones triunfalistas diarias sobre su desempeño, que contrastan severamente con la peor calificación de un periodo presidencial desde hace cuatro sexenios, en que empezaron en México estas mediciones de opinión pública. Antes había sido evaluado por la opinión electoral, con una cadena de derrotas locales y federales en las urnas, hasta rematar con la caída al tercer lugar de su partido en la elección presidencial de julio.

El resultado puede sorprender a la vista de algunos rendimientos del sexenio en materia de salud, vivienda y obras de infraestructura, que en otras circunstancias sustentaron mejores calificaciones finales, como ocurrió con el presidente Fox. Pero el presidente Calderón salió reprobado en comunicación y sus efectos, la asignatura central de toda gestión de gobierno en la era de la democracia mediática.

La carga más pesada que lastró su acción comunicativa fue su apuesta a un cuerpo de mensajes de guerra contra las bandas criminales. Empezó con golpes mediáticamente espectaculares de fuerza militar contra regiones enteras, que incluían arrestos de alcaldes y otros políticos de partidos diferentes al del mandatario, como en el michoacanazo. Ello lo condujo, a lo largo de su primer año de gobierno, a su momento más alto de aprobación pública, por la expectativa de que tales operaciones extirparían al crimen organizado en poco tiempo. Pero a partir del año siguiente quedó claro que esos golpes estaban resultando fallidos lo mismo en el terreno bélico que en el de la legalidad, que en las percepciones sociales.

Bañado en sangre

Las imágenes, los relatos y los recuentos de violencia y brutalidad criminales se expandieron en el territorio y se prolongaron en el tiempo, seguidos de las imágenes, los relatos y los recuentos de violaciones a los derechos humanos por las fuerzas del Estado. Y algo muy relevante para un balance de comunicación: las imágenes, relatos y recuentos se apoderaron de los más destacados espacios mediáticos, nacionales e internacionales, en los que el país apareció de pronto bañado en sangre: la peor representación del México violento desde la época revolucionaria de la segunda década del siglo pasado

Los efectos desastrosos de comunicación abarcan prácticamente toda la gama de la clasificación académica: efectos de corto plazo que sembraron miedo en la población e incidieron en sus conductas. La gente cambió de hábitos. No salió de noche o no tomó carreteras. Hubo también efectos en los procesos informativos, por la inclinación a la espectacularidad en la comunicación de los aparatos de seguridad, con frecuencia violatorias de la ley: filtraciones, fabricaciones escénicas, presentaciones de detenidos y guerras mediáticas entre dependencias, que terminaron por restarle toda la credibilidad a los mensajes gubernamentales en este tema.

Escabroso imaginario

Pero involuntariamente y en su contra, el sexenio logró el efecto más difícil de conseguir por las más sofisticadas estrategias de comunicación: el efecto de largo plazo, el que incide en la producción y los patrones culturales de la sociedad nacional e internacional. Y es que surgió en este periodo una nueva generación de narradores de historias de violencia y barbarie, tanto de periodismo como de ficción literaria. Se realizaron películas en México y en el exterior y se generalizó la presencia y la referencia de México y los mexicanos en toda historia criminal del cine y de las series de televisión estadounidenses. Y todo ello apunta a perpetuar en la memoria colectiva y la cultura popular, nacional y global, el escabroso imaginario de la vida mexicana de estos años. Algo parecido a la manera en que el cine y las series estadounidenses perpetuaron los jaleos gangsteriles de Chicago o la rudeza del western, con la diferencia de que esos relatos reprodujeron el pasado y los de aquí se presentan en el marco de una ominosa actualidad.

 

Académico



Editorial EL UNIVERSAL Acuerdos para México


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