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Gabriel Guerra Castellanos

Peña va a Washington

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26 de noviembre de 2012

Apenas unos días antes de su toma de posesión, el presidente electo continúa la vieja tradición de las visitas a nuestros vecinos inmediatos, al norte y al sur, y aunque todas son importantes, por obvias razones la que se realiza a EU es siempre la más relevante.

Cada 12 años coincide el arranque de administraciones en EU y México, y si en ocasiones se trata de un presidente estadounidense que inicia su segundo mandato, lo cierto es que el significado no se pierde: en los segundos periodos en EU los presidentes se enfocan más en el deber que en el querer.

Peña Nieto ha dejado para el final sus paradas en EU y Canadá, hubiera sido inoportuno ir antes de las elecciones presidenciales estadounidenses. Ahora la fortuna le sonríe, pues tras el abrumador apoyo hispano a la reelección de Obama, el musculo electoral de los “latinos”, y en particular de los mexico-americanos, ha quedado demostrada. Por sí sólo ello no significa nada para el futuro de la relación binacional, a menos que se le sepa aprovechar. Por ello, más que nunca importa lo que lleve en la mente y en las maletas el próximo presidente de México.

El regreso del PRI a la Presidencia genera escepticismo en círculos políticos, académicos y empresariales de EU. Más que en otros países, nuestros vecinos parecen haber comprado una visión simplista (o partidista) de la historia reciente de México según la cual el PRI fue el causante y beneficiario de todos los vicios nacionales. En un principio, Peña enfrentará escepticismo allende el Río Bravo.

Los gobiernos panistas permitieron que una relación compleja se encasillara: todo fue la migración o todo el combate al narcotráfico. No quiero decir que lo demás se haya dejado de hacer, pero ocasionaron que nos vieran bajo esa óptica monotemática.

La lección queda: la convivencia entre México y EU está hecha de una intricada red de relaciones, fricciones y colaboraciones. No se puede reducir a un solo rubro como tampoco se debe dejar que se desperdigue. Lo más importante es recordar que el poderío de EU radica en su desconcentración. No basta con la Casa Blanca ni con el Congreso ni con Wall Street o The New York Times.

El gobierno mexicano tiene que decidir qué tipo de influencia quiere tener en EU, para avanzar en los distintos temas. México no puede darse el lujo de seguir siendo un vecino incómodo e irrelevante para EU. Peña va a un Washington escéptico y poco receptivo. Ojalá le vaya como al héroe de la película, pero sin tener que pagar tan alta cuota de entrada.

 

@gabrielguerrac
Internacionalista



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