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José Sarukhán

EU: un país azul y otro rojo

Licenciatura en Biología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en 1964. En 1968 obtuvo la maestría en Botánica Agrícola ...

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23 de noviembre de 2012

A la memoria de Mónica Obregón, por su valentía y entereza

Las pasadas elecciones en EU dejaron claro que existen dos sociedades muy diferentes; eso no es nuevo: la divergencia existe desde hace medio siglo, después de la post guerra. El cambio demográfico gestado en las últimas décadas jugó –y espero que lo hará más intensamente en el futuro- un papel crucial en el resultado de las elecciones; un cambio ignorado y despreciado por el partido republicano, que ha reaccionado con una mezcla de sorpresa y desconcierto, y también de enojo, hacia una campaña y un candidato presidencial fallidos.

Las críticas hacia Mitt Romney y la forma como se condujo en el proceso no paran; Romney ha seguido metiendo la pata aun después de la derrota con argumentos de “compra de la elección” por parte de Barack Obama, lo cual ha irritado a destacados personajes republicanos, que encuentran inadmisible la forma en que se ha despreciado la inteligencia y capacidad de la juventud y las minorías norteamericanas. Por otro lado, algunos republicanos de hueso colorado (de Texas desde luego) enojados por los resultados de la elección, han sugerido independizarse del país; ello generó —en son de hiriente burla— una respuesta en forma de “carta de los demócratas”, que recibí de amigos y que me pareció espléndida como para compartirla con mis lector@s.

Está dirigida por los “estados azules a los estados rojos”. Aseveran estar ya cansados de su actitud y política neandertales, por lo que quieren constituir un nuevo país: “EEA, los Estados Educados de América”, conformada por todos los estados azules, desde Hawaii hasta los del Noreste.

Les dicen que se queden con Texas, Oklahoma y el resto de los estados esclavistas, que los azules se quedan con toda la investigación en células madre y las mejores playas; que ellos se quedan con la estatua de la Libertad, Microsoft e Intel y los rojos con la música country y Worldcom (el fallido consorcio de grandes corporaciones fraudulentas); que los azules se llevan a Harvard, Princeton, Stanford, MIT, CalTech, las Universidades Ivy League” y ellos se queden universidades como la Bob Jones y la Oral Roberts; que los azules se quedan con dos tercios de los ingresos fiscales y que los estados rojos ahora paguen la parte presupuestal que les corresponde. Dado que la tasa de divorcios en los estados azules es en promedio 22% más baja que en los estados participantes en la Coalición Cristiana, tendrán un gran número de familias felices y los rojos una pila de padres y madres solteras; que además en los “estados rojos” 39% de la gente cree que a Jonás sí se lo tragó una ballena, 64% piensa que la evolución es sólo una teoría y casi dos tercios consideran que la vida es sagrada, excepto en casos de pena de muerte y en el no control de armas.

Los estados azules controlarán un 80% del agua dulce del país, más del 90% de la piña, las lechugas, la fruta fresca y los buenos quesos y vinos y que se quedan con 85% del capital de riesgo y los empresarios innovadores, 90% de la industria de alta tecnología, y que en cambio los rojos se pueden quedar con Alabama, el 88% de los americanos obesos, más del 95% de los mosquitos y tornados, la mayoría de los huracanes y la casi totalidad de los tele-evangelistas. Y así siguen los argumentos de la ventaja de constituir los EEA…

No falta en esa “carta de los demócratas” la exageración, además de que en muchos estados cohabitan, en diferentes proporciones, “azules y rojos”. Pero en el fondo esa carta ficticia encierra realidades ominosas que constituyen, como mencioné en mi anterior artículo, el reto más serio de Barack Obama en su segundo periodo. No resolverá la profunda dualidad de su país en cuatro años. Lo que sí puede lograr es hacer ver que EU es ahora —yo diría que para bien— un país social y demográficamente distinto y lo será cada vez más en el futuro, logrando que la sociedad elija nuevas administraciones gubernamentales lúcidas, que reconduzcan al país hacia un futuro menos amenazador para su sociedad y para el resto del mundo.

 

Investigador emérito de la UNAM y coordinador nacional de Conabio



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