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Porfirio Muñoz Ledo

Política global

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD, senador, di ...

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20 de noviembre de 2012

Lo más llano que puede decirse de la política exterior del gobierno que se va es que no existió. Carecimos de una línea propia ejercida con independencia y al servicio de nuestro desarrollo. Se desgastaron liderazgos alcanzados y nuestra presencia efectiva en el mundo se debilitó.

Nuestra diplomacia fue condenada al quehacer burocrático y sin mirada de largo alcance. Hubo ausencia de causas reales y objetivos coordinados. Existió cerrazón para aceptar la cooperación de otras dependencias y de actores económicos y sociales. En los informes al Congreso y posiciones ante la opinión pública prevaleció la opacidad y nunca fueron respondidas interrogantes sustantivas.

La falta de visión estratégica obedece a la supeditación de nuestras más importantes decisiones internas y externas a la agenda de seguridad pactada con EU. De ahí que las prioridades del gobierno hayan sido el combate al narcotráfico y se relegaran al olvido nuestras posibilidades en la esfera multilateral, nuestras relaciones con otros países y regiones e incluso ángulos y temas diferentes de nuestra vinculación con Norteamérica.

Quienes afirman que México será en pocos años una de las grandes economías del mundo debieran actuar en consonancia y edificar un proyecto de largo plazo que implica necesariamente un política exterior global. El final de una administración federal y el reacomodo de las fuerzas políticas ofrecen una buena oportunidad para definir los lineamientos de lo que podría ser una nueva inserción del país en el escenario internacional.

La característica que identifica la posición de los BRICS es que todos ejercen un liderazgo regional y mantienen una política autónoma respecto de cualquier hegemonía. Apuestan a un mundo multipolar y a consolidarse como interlocutores independientes y potencias de equilibro. Por su historia, ubicación estratégica y potencialidad económica, México debiera verse en ese espejo y jugar, junto con ellos, una política semejante.

En la agenda con Norteamérica migración, relaciones fronterizas y cooperación para el desarrollo deberían ser materias prioritarias. El replanteamiento de los vínculos sociales, educativos, medioambientales, científicos y educativos sería de gran riqueza. Es inescapable la revisión de la estrategia de seguridad a partir del movimiento en favor de la despenalización de la mariguana, los estragos de la venta de armas y la evidencia del binomio entre sistema financiero y lavado de dinero.

Las relaciones con Centroamérica deben estar guiadas por la integración económica y la cooperación política. Nuestra presencia es vital y debiera diversificarse con acento en lo económico, cultural y con el reconocimiento pleno de sus liderazgos políticos. El proyecto de la comunidad de naciones debe ser impulsado con sentido orgánico y supranacional.

En la relación con Europa no hay que perder de vista que si bien el acuerdo de asociación lo suscribimos con la Unión, los vínculos son con cada uno de sus componentes, por lo que deberíamos intensificar significativamente las relaciones bilaterales cuyo potencial es enorme. Se requieren también acciones políticas conjuntas, como ocurrió respecto al cambio climático, y explorar todos los ámbitos posibles de la cooperación.

Nuestras relaciones con Asia y África exigen ser reinventadas como destinatarios naturales que son de nuestras vertientes pacífica y atlántica. El número de embajadas, acciones políticas e iniciativas económicas en ambos continentes hablarán de nuestra genuina vocación global. Incrementarán igualmente nuestra capacidad de acción en la esfera multilateral en la cual nuestra presencia debiera reanimarse, al margen de toda retórica, mediante posiciones audaces y congruentes.

Un esquema de esta naturaleza demanda el establecimiento constitucional de una política exterior de Estado que favorezca los consensos internos y dé mayor eficacia a la acción externa. He ahí una tarea para el Congreso.

 

Político



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Editorial EL UNIVERSAL Claroscuros en seguridad


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