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Ricardo Raphael

¿Y quién va a Educación?

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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19 de noviembre de 2012

Si una pregunta es relevante sobre el futuro gabinete de Enrique Peña Nieto, ésta tiene que ver con el nombre de la persona que se encargará de dirigir la Secretaría de Educación. Pocas designaciones dirán tanto sobre el estilo personal de gobernar del próximo presidente.

El Estado no puede extraviar la conciencia a propósito de las consecuencias positivas que el país podría experimentar si la educación mexicana se reformara para asegurar, no sólo cobertura, sino calidad en el aprendizaje de los conocimientos. En el futuro, de esta política dependerá, de manera importante, la competitividad, la productividad, la equidad, la movilidad social y el crecimiento del país.

En el nivel básico, durante los últimos 12 años las autoridades federales se han esmerado sólo en dos temas relativos a esta política: mantener la fiesta en paz (sin importar los costos) con el liderazgo magisterial de Elba Esther Gordillo y construir un sistema de evaluación; se creó el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, se desarrollaron evaluaciones nacionales como Escale o Enlace, se implementó un sistema de evaluación (todavía plagado de deficiencias y rechazos) para las y los docentes y se instituyó un ejercicio, también de evaluación, para reclutar a los nuevos educadores. Con todo, las administraciones panistas dejan deudas grandes. Mientras dirigían todas sus energías hacia la evaluación, la gran mayoría de los indicadores educativos descendió o permaneció mediocremente estable. A excepción de una mejora mínima en los niveles de aprendizaje en matemáticas, en lo que toca a ciencias y lectura los resultados exhiben el sistemático deterioro de la calidad educativa.

A lo anterior se suma el estado en el que hoy se encuentra la gran mayoría de las escuelas mexicanas. No importa el rubro de que se trate, (agua potable, drenaje, sanitarios, mesabancos, talleres, canchas deportivas, aulas, acceso, oficina del director), el abandono en el que se halla la infraestructura del sistema de educación básica es alarmante. Mucha ha sido la irresponsabilidad de los tres ámbitos de gobierno para con la inversión que las escuelas requerían año con año.

También sorprende el altísimo número de escuelas de primaria que, a pesar de ofrecer los seis grados de rigor, no cuentan en el presente con más de dos profesores titulares. Son los famosos centros educativos multigrado que obligan al educador a desarrollar destrezas pedagógicas extraordinarias para conducir a los menores por temarios y libros de texto muy distintos. Todo ello mientras aproximadamente 50 mil profesores reciben sueldo sin estar obligados a visitar las aulas porque se hallan involucrados en otras actividades más importantes, tales como la grilla sindical.

La evaluación fue el expediente que permitió fugarse políticamente hacia delante y eludir algunas de las transformaciones e inversiones urgentísimas para la política educativa. Sin embargo, este pretexto ya no servirá más para los gobernantes que vienen. Toda vez que se cuenta con un sistema evaluativo que permite elaborar diagnósticos hasta el infinito, llegó la hora inevitable de tomar decisiones dolorosas a partir del conocimiento que hoy se tiene sobre el desvencijado estado que guarda la educación.

Es desde esta perspectiva que el nombramiento del futuro secretario de Educación se antoja fundamental. La administración que dará comienzo a partir del próximo mes de diciembre tendrá responsabilidades históricas relacionadas con la reforma necesaria. Habrá, en efecto, de transitar el camino que nace en los diagnósticos para traducirse en decisiones muy difíciles.

Puestas así las cosas, Enrique Peña Nieto habría de inspirarse en personajes como Vasconcelos, Torres Bodet o Reyes Heroles a la hora de elegir a su futuro secretario de Educación. Habría, sobre todo, de estar consciente de que, en ésta como en otras materias, se requerirán habilidades técnicas y políticas muy particulares. El personaje en cuestión necesita llegar al puesto con una gran legitimidad, con respeto por parte de los actores involucrados en el sector, y con mano firme para enfrentar una operación política y pedagógica de complejidades todavía insospechadas. Necesita sobre todo estar colocado más allá de las mezquindades que han lastrado durante tantos años la política educativa mexicana.

 

Analista político



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