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Laura Itzel Castillo

Machismo en San Lázaro

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09 de noviembre de 2012

“ La tierra es como las mujeres, hay que trabajarlas, hay que abonarlas, hay que darles el cariño necesario para que produzcan productos sanos y buenos…” Así lo señaló el diputado del PRI Salvador Arellano, en la tribuna de San Lázaro, como parte medular del discurso que exigía más recursos para el olvidado campo mexicano.

Hace apenas unos meses, el ex diputado federal del mismo partido Francisco Moreno Merino, durante la comparecencia del director del ISSSTE, Sergio Hidalgo Monroy dijo: “No hay caballo que no tire a mula, ni mujer bonita que no llegue a ser meretriz y hombre bueno que no tire a penco”. Frase, según dijo, retomada de un dicho antiguo, que al igual que muchos otros, forman parte de la cultura machista mexicana.

El comparar despectivamente a las mujeres con la tierra —lista para el abono— y equiparar la belleza con la prostitución, sintetiza el valor que históricamente se le ha dado a las mujeres en el mundo.

Para una parte de la sociedad resulta una exageración llamar la atención sobre estos aspectos. “Ni que fuera para tanto, hay cosas más importantes”, me dijo una amiga. No es de extrañar, ya que desafortunadamente estas expresiones forman parte de la cultura patriarcal, que se manifiesta en todos los ámbitos y que se asume con normalidad.

 

Por eso, el aderezo discursivo de estos dos legisladores no es casual, es cultural. Si trascendió fue porque se hizo público y dentro de la misma Cámara de Diputados. Pero también porque las diputadas presentes hicieron valer su voz. Sin embargo, las actitudes discriminatorias y ofensivas se festejan con sorna de manera cotidiana en los laberintos de San Lázaro por parte de los diputados de todas las bancadas. La actitud no es privativa del PRI, el machismo traspasa ideologías, religiones, usos y costumbres.

En México, a pesar de los obstáculos que se han tenido que sortear, la participación femenina en el campo laboral se ha incrementado notablemente, incluso en áreas que antes eran consideradas exclusivas para los varones.

En el terreno político, sin duda la presencia de la mujer también existe en el poder legislativo. Si nos remontamos al año de 1976 podemos observar que del total del Congreso mexicano solamente el 9.7% de la Cámara de Diputados eran mujeres y en caso del Senado, únicamente el 6.3%.

El impacto de las acciones afirmativas incorporadas posteriormente al Cofipe, por las cuales tuvimos que luchar, se tradujeron en casi un 28% de presencia femenina en la Cámara de Diputados en la legislatura pasada y en alrededor del 23% en el Senado. Esto, a pesar de las trampas realizadas a la ley por parte de todos los partidos políticos, quienes incorporaron falsamente a mujeres candidatas a diputadas propietarias.

Debido a la presión mediática, así como a la protesta de las mujeres, fue que se reformó nuevamente el Cofipe, lo que trajo como consecuencia que la composición actual del Congreso de la Unión cuente con el número más alto de mujeres de la historia: 32.8% en el Senado y 37% en la Cámara de Diputados. Seguramente a eso se deba también, que ante actitudes que dañan, insultan y humillan a las mujeres, hay cada día más voces que responden y defienden nuestros derechos como mujeres.

 

Coordinadora nacional de Morena



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