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Guillermo Sheridan

El Bueno, la Mala y el Peor

Guillermo Sheridan (1950) es investigador en la UNAM y periodista. Ha publicado varios libros académicos sobre la cultura mexicana moderna, en ...

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06 de noviembre de 2012

Los democráticos privatizadores de los edificios de la UACM -que además gozan de un fuero escasamente constitucional- se comienzan a pronunciar con laudable franqueza sobre la naturaleza del conflicto que mantiene cerrada esta extraña universidad pública y autónoma desde hace 10 semanas. Algo es algo.

Algunos de sus ideólogos y/o voceros (MoReNazos, PTistas, etc.), quizás agotados ante esta versión mojiganga de la toma de La Bastilla, ya hablan de que el conflicto tiene en su origen las tiranteces entre políticos que compiten por la representatividad de las abundantes izquierdas en la elecciones presidenciales de 2018.

Estos políticos son López Obrador, que es el bueno, y Marcelo Ebrard, que es el peor. Que la UACM se convierta en el escenario de esa rivalidad con seis años de anticipación no augura nada bueno a los 6 mil millones de pesos que costará durante esos años.

Manuel Pérez Rocha, quien le diseñó a la UACM su revolucionario y democrático proyecto, y luego fue su rector durante nueve años, ya escribió que hay “personas con influencia” que descalifican su proyecto “abonando con ello a un conflicto incubado hace tiempo”. Esa “persona con influencia” es Marcelo Ebrard, quien “públicamente, sin pudor,” habría declarado en 2010 que la UACM no merecía su apoyo. (No se cita la fuente.)

Otro ejemplo: la periodista Sanjuana Martínez ya denunció la “ostentosa imposición autoritaria y el sostenimiento impune de Ebrard, a favor de la rectora Esther Orozco” (sic), a la que no baja de delincuente. Tal “imposición”, de acuerdo con Martínez, está en el origen de la crisis. Y ¿por qué obró así Ebrard? Pues porque “en su ambición desmedida quiere contar con una casa de estudios sometida a su autoridad para evidentemente después utilizar la fuerza estudiantil y académica a su favor, en su frenética carrera por la presidencia.”

Caramba.

De ser cierta tal cosa, la estrategia habría sido de tal manera inepta y contraproducente que bastaría para descalificar a Ebrard no sólo como político sino como homo sapiens. Su maniobra, instrumentada (se supone) por la Dra. Orozco, paralizó a la UACM a fuerza de “sucias artimañas”, “ilegalidades” y “violencia”. ¿Para qué? Pues para “eliminar gente afín al proyecto político de AMLO”. Y ¿por qué desea eliminarlos? Pues porque así se lo ordenan “su mezquindad y su falta de talante democrático”.

De ahí a convertir a la Dra. Orozco en “la mala” que tiene como misión secreta “destruir” a la UACM, fundada por “el bueno” AMLO, para beneficiar (quién sabe cómo) al “peor” Ebrard, sólo hubo un paso que ya dieron los ideólogos con frescura maniquea.

Si en efecto el conflicto es entre Ebrard y AMLO y tiene tanto tiempo “incubando” ¿por qué no lo dijeron antes? ¿Por qué ha sido necesario disfrazarlo de asunto académico, de querella pedagógica, de conflicto estatutario? ¿Para qué tirar dinero, propiciar la violencia, torturar a la ciudadanía con marchas y bloqueos? Uno pensaría que entre personas a quienes nada humano les es ajeno habría la capacidad de enfrentar los hechos tal como son, sin necesidad de escenografías. Un buen debate público entre AMLO y Ebrard y listo. La otra cosa, claro, sería que tanto AMLO como Ebrard dijesen que nada de eso es cierto y que no se entrometen en los asuntos de la UACM. Punto.

Como nada de eso puede ocurrir, y ya que la UACM es “democrática”, se puede realizar una votación que decida si se queda privatizada por AMLO y sus seguidores hasta 2018, o si vuelve a ser pública con Ebrard y los suyos. Una votación que se pronunciaría, de pasada, sobre si la UACM es “crítica” porque tiene ideales, o si arraiga primero en la autocrítica, porque tiene realidades. Una votación sobre si puede haber minorías con fuero para imponer por la fuerza los intereses de su adalid, o si hay una mayoría capaz de poner el desinterés educativo por encima de los intereses políticos.



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