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Rodolfo Echeverría Ruiz

¿Bachillerato utópico?

Ex presidente de la Fundación Colosio A.C. Fue diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la LVIII Legislatura y se ...

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26 de octubre de 2012

Una manera de medir a escala internacional las posibilidades verdaderas —no retóricas ni demagógicas— de crecimiento económico y desarrollo democrático de un país, consiste en saber cuál es el promedio de estudios máximos realizados por su población. La OCDE y la UNESCO coinciden: un promedio aceptable tendría como objetivo la conclusión completa, cuando menos, de la enseñanza media superior, es decir, de la preparatoria, de los bachilleratos en general. Hablo, en resumen, de 12 años de escolaridad.

El promedio mexicano hoy llega al segundo año de secundaria (ocho años más o menos). Y ello sin considerar el inmenso rezago educativo padecido por el país (25 millones de personas). Si alcanzáramos en un lapso relativamente breve la meta propuesta por los organismos internacionales, si 800 mil jóvenes terminaran cada año el bachillerato (y lo hicieran con grados de calidad no del todo desdeñables), entonces estaríamos en condiciones genuinas de alcanzar niveles básicos de desarrollo humano al amparo de una atmósfera de relativa equidad social y, de ese modo, tendríamos alguna oportunidad, de ingresar, con modestia, aunque de manera efectiva, en las ligas mayores de la economía mundial.

La educación media superior constituye el ciclo lectivo cuyo cumplimiento otorga la formación esencial para que el educando esté en condiciones de ingresar a la educación superior o, si eso ya no fuere posible, de incorporarse a la vida productiva a través de empleos dignos y estables. Se trata de cumplir de manera efectiva los tres grados del bachillerato.

En las aulas del bachillerato se atiende ahora, más o menos, a 90% de los egresados de secundaria. Alrededor de 10% de éstos últimos pasan, lamentablemente, a formar parte de las filas de la deserción escolar. Y sólo 50% de quienes han llegado a la preparatoria o a los bachilleratos concluye de manera definitiva los estudios en ese nivel. Se trata del grado más alto de deserción que padece nuestro sistema educativo.

¿Por qué razones suelen desertar tantos jóvenes preparatorianos? Me referiré a algunas cuántas. En primerísimo lugar anotemos la recurrencia y el recrudecimiento de graves problemas económicos, familiares o personales. No deberíamos pasar por alto ésta otra realidad: para miles de muchachos la enseñanza preparatoria no es hoy un mecanismo promotor de movilidad social. Y tampoco lo olvidemos: los preparatorianos viven en plena adolescencia y de esa condición inesquivable se derivan muchos otros problemas causantes del abandono escolar, entre ellos, los embarazos prematuros y no deseados.

Otra razón podríamos encontrarla en la extrema rigidez actual de la mayoría de los planes de estudio. Materias rígidas y horarios rígidos dificultan la permanencia en las aulas. A la anterior realidad añadamos esta otra: ciertos contenidos de las materias no despiertan interés entre ellos. Si bien los estudiantes necesitan un conocimiento amplio y general, debería abrírseles, de manera paralela, una serie de opciones diversas y atractivas capaces de completar su formación.

Esa vertiente educativa estaría concebida con el fin de adaptarse a las diversas formas de vida regionales y a intereses específicos. El sistema de bachillerato debería ofrecer alternativas extraescolares. Uno de los objetivos de la flexibilización consistiría en arraigar a los jóvenes a la institución donde estudian.

En México ya es obligatoria la enseñanza media superior. Por desgracia, en mi opinión, esa meta constituye hoy una utopía: no se dispone del número de planteles necesarios ni tampoco existen suficientes maestros calificados capaces de impartir las asignaturas respectivas. A lo anterior debe añadirse la coexistencia de más de 250 planes de estudio diferentes: Conalep, red de preparatorias, CCH, Colegio de Bachilleres y los muy diversos sistemas de enseñanza tecnológica.

 

Consejero Político Nacional del PRI



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