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Ricardo Raphael

De traidores y trabajadores

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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01 de octubre de 2012

Para Adolfo Orive

Como día tristísimo para la historia del sindicalismo mexicano quedará el pasado viernes 28 de septiembre, cuando se ratificó la poca importancia que, en México, tienen las y los trabajadores, y la abrumadora fuerza política de los mal llamados líderes obreros. Con la firma al calce del PAN y el PRI, salieron expulsados de la iniciativa de reforma laboral, presentada por el presidente de la república, el voto directo y secreto para elegir dirigentes sindicales, la obligación para las organizaciones de someterse regularmente a auditorías externas, así como la de hacer públicos los contratos y los reglamentos internos.

Con una retórica torcidísima se dijo que, de celebrar estas reformas, se atentaría contra la autonomía sindical. ¡Ahora resulta que para un trabajador la posibilidad de elegir democráticamente a su líder, el derecho a exigirle cuentas o a conocer el reglamento interno de la organización son factores que atentan contra la autonomía sindical!

Dan ganas de levantar el brazo y proferir una majadería cuando se escuchan argumentos tan cínicos en tribuna. Justo lo que se eliminó es aquello que hoy resta libertad al trabajador y, en consecuencia, disminuye la autonomía de su organización.

Mientras en México no exista el voto directo y secreto dentro de los sindicatos, mientras los líderes puedan hacer con las cuotas y el patrimonio de las organizaciones obreras lo que se les venga en gana, mientras el trabajador no esté facultado para exigir cuentas, las organizaciones obreras del país serán débiles para defender a sus agremiados. Ocurrirá lo que sucede de tiempo atrás: serán concesiones privadas al servicio de unos cuantos liderazgos y patrimonio abundante para sus respectivos amigos y familiares.

La falta de democracia y transparencia en el mundo del trabajo mexicano es precisamente lo que impide la autonomía de los sindicatos y no lo contrario. La autonomía sindical no tendrá lugar mientras unos cuantos privilegiados puedan secuestrar a las organizaciones de trabajadores. Ninguno de los diputados que con su voto apoyó la eliminación de las cláusulas democráticas ignora esta circunstancia; saben que con su actuación mantuvieron un statu quo donde los obreros seguirán siendo moneda de cambio en favor de quienes, a sus costillas, se hacen de bienes, impunidad y canonjías.

Y, sin embargo, los legisladores decidieron apoyar la perpetuación del arreglo mafioso. No importa que éste sea depredador y una de las principales razones de la precariedad en los empleos mexicanos. No importa que tales líderes sean, en parte, responsables de los salarios que no crecen, de las prestaciones que desaparecen, de las plazas que no se multiplican, de que ocho de cada 10 jóvenes en edad de trabajar no estén protegidos por un sindicato real.

¿Cómo se explicará su oficio un diputado después de ratificar el despojo de los derechos que, en el país, habrían de proteger a los más vulnerables? No alcanzo a imaginar cuán sedada se necesita tener la conciencia para seguir concurriendo a la Cámara de Diputados después de haber endosado tan oprobioso cheque en blanco en favor de los millonarios dirigentes sindicales.

La desigualdad en el país no sólo es económica. La más grave es la desigualdad de trato: aquella que impide a las y los mexicanos mirarse como iguales, ser tratados de manera similar por la ley o ser reconocidos como semejantes por parte del Estado. El nepotismo y los privilegios son los síntomas más evidentes de tal desigualdad, lo mismo que la discriminación y la expropiación de la autonomía que se practica en contra de las personas.

En el mundo del trabajo esa desigualdad de trato está avalada por la ley y las instituciones; y el pasado viernes 28 también por la recién estrenada legislatura. Cada uno de los diputados que con su voto aplaudieron la desigualdad de trato en el mundo laboral se merecen un monumento donde las y los trabajadores del país vayan a depositar sus miserias cotidianas.

En breve sabremos si los recién estrenados senadores colocarán también su voto del lado del autoritarismo y la opacidad o, milagrosamente, ahí las y los mexicanos serán mirados con mayor respeto que en la Cámara Baja. Me temo que PAN y PRI habrán de actuar de manera similar en el Senado y, sin embargo, dejo encendida una vela antes de volver a levantar el brazo y proferir una grosería.

 

Analista político



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