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Macario Schettino

Escasez e irresponsabilidad

Macario Schettino se dedica al análisis de la realidad, en particular la de México, desde una perspectiva multidisciplinaria: social, políti ...

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28 de septiembre de 2012

Comentábamos un tema que es fundamental, pero al que poca atención se presta. Es lo que está detrás de las manifestaciones en Europa, pero también de las que vemos en México alrededor de la reforma laboral, o de forma más caótica, en diversas universidades.

Nos cuesta trabajo entender la escasez. No podemos reconocer que las cosas no alcanzan para todos los que las quieren, y que es necesario algún método para asignarlas. Si el dinero es escaso, y la gente que lo quiere es mucha ¿cuánto le damos a cada quién, o a quiénes les damos, y cuánto? ¿qué criterio nos gusta para distribuir un ingreso insuficiente?

Cualquier criterio que elijamos implica una definición ética, que no es nada fácil de discutir. Preferiríamos que hubiera mucho para todos, pero eso no existe. Hay que decidir, y toda decisión cuesta.

Veamos el caso de los países europeos. Cada uno tiene problemas diferentes, pero en general existe una base de referencia. Estos países optaron por garantizar un cierto conjunto de prestaciones para todos: seguro de desempleo, pensión universal, prestaciones y salarios elevados. En muchos de estos países, los límites razonables se alcanzaron a fines de los años setenta. Se había repartido demasiado, y ya no alcanzaba. Los siguientes 20 años, los gobiernos intentaron regresar a un nivel aceptable las prestaciones, pero no fue posible en todos los casos. El gran crecimiento económico de los primeros años de este siglo impidió que los excesos fuesen evidentes, y fue sólo con la crisis de Estados Unidos que nuevamente quedó claro que se había repartido más de lo que se tenía. Por eso las deudas. Ahora hay que regresar a un nivel razonable. Pero el asunto al final es sencillo: ¿de dónde se sacan los recursos?

Otro ejemplo es nuestra reforma laboral. Mientras más prestaciones tenga un puesto de trabajo, y mientras más difícil sea remover a una persona de ese puesto, será más difícil que las empresas se decidan a crearlo. Esto debería ser muy fácil de entender: mientras más me cueste crear un puesto de trabajo, menos voy a crear. Si hoy en México dos de cada tres personas trabaja en la informalidad, es porque crear puestos formales es demasiado caro. Quien defiende esos puestos de trabajo caros está defendiendo privilegios para uno de cada tres trabajadores. Me dirán que no es ningún privilegio tener un empleo de dos salarios mínimos. Responderé que sí lo es, si ese trabajo es formal, porque no cuesta dos salarios mínimos a la empresa, sino más de cuatro. Ese costo adicional es resultado de la regulación, es decir de la ley. ¿A quién ayudamos? ¿a los que ya tienen empleo para que lo mantengan? ¿o a quienes no pueden tenerlo porque la ley lo impide? Elija, no se pueden las dos cosas.

Tercer ejemplo: los estudiantes que insisten en ser aceptados en las universidades sin demostrar capacidad para ello. No hay educación superior de calidad disponible para todos los jóvenes. Ni la va a haber. ¿cómo los asignamos? ¿Por sorteo como en la Universidad de la Ciudad de México? ¿Y luego cómo decidimos si deben o no seguir en la escuela? ¿Por su compromiso con el pueblo? ¿Por su desempeño académico?

Quienes insisten en que Europa puede resolver sus problemas financieros sin ajustes serios en las cuentas públicas, o que se pueden generar empleos en México sin reducir los costos de transacción, o que puede haber educación superior de calidad sin evaluar a los jóvenes, cometen el mismo error: ignorar la escasez. Actúan como si el problema fuese de mala fe, ya sea de los gobiernos, las empresas, las autoridades educativas, o quien sea. No pueden entender que el asunto es más sencillo: no alcanza.

Para algunos, esto resulta un gran negocio: pueden acusar a los demás, ignorando siempre la realidad de la escasez. Total, jamás serán responsables de nada, porque no gobiernan ni deciden nada. O donde gobiernan, jamás rinden cuentas. Sean movimientos estudiantiles, sindicatos, partidos políticos, intelectuales o académicos, la irresponsabilidad les brinda grandes beneficios.

Ya debíamos haber aprendido esto: que los líderes (políticos, sindicales, mediáticos) ofrecen una abundancia inexistente. Que siempre que se les hace caso, todo acaba peor. La historia está plagada de ejemplos. Pero nadie aprende nunca en cabeza ajena. Hay que volver a explicar.

www.macario.mx @macariomx

Economista



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Editorial EL UNIVERSAL Inseguridad e impunidad


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