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Carmen Boullosa

La risa de los monjes (y otras)

Carmen Boullosa. Escritora. Sus novelas más recientes son El Complot de los Románticos (Premio Café Gijón, Editorial Siruela) y Las Paredes ...

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20 de septiembre de 2012

En el diálogo entre Laurie Anderson y Marina Abramoviç, convocadas por la Revista BOMB (tiene la tradición de hacerlo, en lugar de entrevistas publica diálogos entre creadores), tomo estas perlas:

Empieza Laurie Anderson con una afirmación provocativa: “Para mí la simetría es al mismo tiempo peligrosa y aburrida”.

Un ping-pong entre ellas complementa esta idea, dándole vuelta de tuerca y mayor sentido: “¿Te acuerdas del mandala que los monjes tibetanos hicieron en el Museo de Historia Natural a fines de los ochentas? -empieza Laurie Anderson-. Les llevó seis semanas trazarlo, dejaron caer la arena teñida grano por grano. Ahí estaba, cuando dos niños pasaron y lo revolvieron todo, deshaciendo la figura del mandala”. “¿Y qué pasó? -pregunta Abramoviç-” “Los monjes se rieron”. “Por supuesto. De eso se trataba, del cambio”.

Otra de Laurie Anderson: “No sé quiénes son las otras personas, y no me gusta cuando asumen que saben quién soy yo”.

* * * *

Esta no es de tibetanos, sino de tirios y troyanos. Escribe Lord Byron en su Don Juan: “El púrpura tirio es motivo de disputa: ¿lo obtenían de algún crustáceo, de la cochinilla, o del quermes? Lo mismo el tono, algunos dicen que era morado, otros que escarlata. Yo no tengo opinión al respecto.”

La cochinilla, el insecto que se adhiere al nopal, que sólo se cultivaba (porque requiere el cultivo humano) y “ordeñaba” en Mesoamérica (algunos afirman que sólo se exportaba el mexicano) y del que se obtiene el color carmín, era en el siglo XIX tan conocida que el poeta la dio por hecho en la cultura mediterránea desde los tiempos de la Iliada y la Odisea. Lord Byron lleva la cochinilla a la mítica Guerra de Troya, y da por sentado que fue un ingrediente más de los clásicos.

No es el único producto mexicano que aparece en este gran poema, tan divertido como retador. El papá de una de las muchas bellas que caen rendidas ante el Don Juan, toma su chocolate -como pensaríamos que los ingleses más bien toman el té, también de importación colonial-. Los dos productos de origen mexicano son, a los ojos de Lord Byron, igualmente “habituales”.

(Cuenta la leyenda de mi familia que la mamá de mi abuelo materno, Enrique Velásquez Canseco, oaxaqueño que casó con tabasqueña, cultivaba cochinilla -¿habría leído a Lord Byron, autor tan magnético como su personaje?, ¿viajaría ese Don Juan hasta Oaxaca (mientras el autor luchaba por la independencia de Grecia-)?).

* * * *

Como dice Belinda Jack en su libro Women Readers, las lecturas de las mujeres han sido constante fuente de ansiedad. ¿Qué era conveniente leyera una mujer, qué no debía leer? ¿Podía, por ejemplo, leer la Biblia? Las lecturas se segregaban, porque eran pieza clave de la formación del pensamiento en las féminas -y ellas cimiento del hogar dulce hogar, por lo tanto de la estabilidad social, piedra básica sobre la que descansaba el poder.

Juan Domingo Argüelles acaba de publicar un libro sobre el tema -LECTORAS-. Para abordarlo, escribe un ensayo, sostiene un diálogo con Michele Petit -especialista como él en el tema de la lectura-, y conversaciones con varias escritoras. Llama la atención la variedad en las voces, tan diferentes, imposible agruparlas en un solo género. El libro de Juan Domingo Argüelles confirma que la ansiedad ante la lectura tiene una razón de ser. Las entrevistadas, por lectoras, son brillantes, se confirma la regla: “dime qué lees y te diré quién eres”: Elena Poniatowska, Margo Glantz, Beatriz Espejo, Sara Sefcovich, Dolores Castro, Cristina Rivera Garza, Silvia Molina, Sabina Berman, Bárbara Jacobs, Ethel Krauze, Mónica Lavín, Carmen Villoro, y Martha Chapa (también Boullosa, pero de ésa no puedo juzgar: contra lo que le pasa a Laurie Anderson, para mí la más desconocida sigo siendo yo).

* * * *

Ojalá puedas acompañarnos, lector, a celebrar el aniversario de la mítica editorial Siruela. Será en la Librería Rosario Castellanos, este viernes 21, a las 8 de la noche. Ahí estaremos. María Aura leerá de mi novela El complot de los románticos: también las actrices son lectoras.



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