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Porfirio Muñoz Ledo

El compromiso histórico

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD, senador, di ...

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19 de septiembre de 2012

Decía un lúcido maestro de ciencia política que la izquierda es casi siempre la mayoría social pero que enfrenta grandes obstáculos para convertirse en mayoría política, entre otras razones porque carece del poder económico, las instituciones electorales se encuentran secuestradas por la derecha y los entornos internacionales le han sido generalmente adversos.

Los cambios de orientación progresista ocurren con frecuencia en los procesos revolucionarios y en tiempos de paz gracias a la expansión de los estamentos medios asalariados que desarrollan conciencia de clase y al establecimiento de amplias alianzas transversales. Esa ha sido, según los tiempos, la clave del éxito de los frentes populares y de las rotaciones ideológicas alcanzadas por los partidos socialdemócratas.

Las izquierdas muestran su músculo en las plazas públicas y ahora a través de las redes sociales, pero suelen mostrar menor contundencia en las urnas. Frena su impulso un tejido de intereses creados, así como la manipulación de los principales medios de comunicación electrónica. La propia desigualdad y la pobreza extrema socavan la voluntad política de los pauperizados a través de la compra y la coerción del voto.

Desde el interior de las organizaciones, la desunión y el oportunismo han sido roedores que erosionan las posibilidades de una victoria colectiva. En México ha transcurrido casi un cuarto de siglo de la hazaña del 1988 sin que la verdadera alternancia se haya logrado. En su lugar se ha instalado una suerte de rotación entre fuerzas políticas adheridas al proyecto neoliberal y claramente subordinadas a los poderes dominantes. Un bloque hegemónico que nos conduce al precipicio. Algunos quisieran convertir en piedra de escándalo la determinación de López Obrador de formalizar su separación de los cuerpos orgánicos de los partidos que representan a la izquierda y de plantear la conversión legal del movimiento que encabeza en un organismo que pueda competir por sí mismo en las confrontaciones electorales con una capacidad inédita de cohesión. Ello a pesar de que ha llamado a robustecer la unidad de todos los actores progresistas.

Semejante coyuntura enfrentamos en 1989, cuando finalmente se decidió la disolución del Frente Democrático Nacional, integrado por cuatro partidos políticos nacionales registrados y la Corriente Democrática, desprendimiento del PRI y expresión de la sociedad que carecía de una estructura organizativa consistente. La determinación fue entonces la ruptura de la alianza y la fusión con uno solo de los partidos que nos había acompañado en las elecciones, el PMS, transformado en PRD. Diluimos el movimiento y tardó mucho tiempo en cobrar forma un partido tribalizado.

Ahora se trataría de una operación inversa: partir de una izquierda societaria para establecer una especie de “compromiso histórico” con los partidos existentes de orientación progresista, bajo reglas claras, acuerdos ideológicos y normas básicas de comportamiento político. Desterrar para siempre la compraventa política al mejor postor.

Morena tendría que acrecentar su carácter de partido movimiento, amplio, plural, incluyente y combativo. Más cercano a los reclamos de la sociedad que al enfrentamiento entre corrientes y personalidades. Habrá de contribuir definitoriamente al fortalecimiento y la depuración de la identidad de los actores de la izquierda y al respeto moral que se debe a una misión de gran alcance.

Tendría que definir categóricamente el papel que en las democracias corresponde a la oposición, esto es de propuesta alternativa a las acciones y proyectos del gobierno establecido y sus aliados. Habría de tomar con mayor seriedad y congruencia el despliegue de sus actividades legislativas y de su ejercicio en los gobiernos locales. La clave del triunfo en el pluralismo es ser, al mismo tiempo, mejor oposición y mejor gobierno. Una coalición de izquierdas capaz de alterar sustantivamente la correlación de fuerzas y cambiar el rumbo de la nación exige clara concepción de la naturaleza transexenal y trasnacional que encaramos, en la que por definición estamos excluidos. Un rostro de dignidad y una dimensión de grandeza.

 

Político



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