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Guillermo Osorno

Amistad con Azerbaiyán

GUILLERMO OSORNO estudió periodismo en la Universidad de Columbia. Fue reportero de investigaciones especiales en el periódico Reforma y edit ...

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04 de septiembre de 2012

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El nuevo habitante de la esquina de Paseo de la Reforma y Gandhi fue un hombre poderoso. Dirigió la oficina de la policía secreta soviética (KGB) durante los años de la dominación rusa sobre la república de Azerbaiyán. Fue secretario general del Partido Comunista pero se opuso a las reformas modernizadoras de Mijaíl Gorbachov, y por eso fue removido. Ascendió al poder después de que una rebelión depuso al presidente en turno.

Su gobierno fue autoritario. Murió en 2003 y heredó el poder a su hijo. Según el obituario en The New York Times: “Al mismo tiempo que brindó estabilidad a Azerbaiyán, la vida política del país siguió siendo turbulenta, con frecuentes intentos de asesinatos y golpes de Estado en su contra e igualmente frecuentes quejas de sus oponentes por sus prácticas electorales, abusos a los derechos humanos y mordazas a la prensa”.

¿Suena conocido? Este priísta avant la lettre firmó en 1994 un acuerdo con las compañías petroleras inglesas. El capital extranjero llegó a la pequeña república, pero poco sirvió para mejorar la vida de sus habitantes que, según el Banco Mundial, tenían en 2001 un ingreso per cápita de 650 dólares anuales.

“Fuera del sector petrolero —dice The New York Times—, el clima de corrupción generalizada, favoritismo e incompetencia administrativa dañó las perspectivas económicas del país”. De acuerdo con Transparencia Internacional, Azerbaiyán es una de las siete naciones más corruptas, entre 102 países estudiados.

Una de las características del gobierno de Heydar Alíyev fue el culto a la personalidad. Su retrato decoraba ciudades y pueblos azerbaiyanos. Los trabajadores eran acarreados en masa a concentraciones en su honor. Una estrella y una montaña llevan su nombre. Se construyeron tres museos para recordar sus hazañas. Y una estatua suya acaba de llegar a Reforma.

Allí está en bronce, sentado en una silla de bronce, con la piernita de bronce cruzada, mirando hacia el Museo de Arte Moderno. Fue colocado encima de un pedestal blanco que tiene grabado las fechas de su nacimiento y muerte (1923-2003) y su nombre en oro. El pedestal está encima de un piso de mármol blanco. De espaldas a su figura se yergue un mapa de Azerbaiyán, en mármol del mismo color.

Dos farolas de cinco luces adornan el conjunto y, para solazarse en la contemplación de semejante prócer, hay dos bancas de hierro que miran su excelsa figura.

La placa que acompaña la estatua tiene un curioso uso de los acentos. Por ejemplo, allí se puede leer, todo en mayúsculas: “HEYDAR ALÍEYEV–UN GRAN POLITICO [sin acento en la i] Y ESTADISTA” o “EL [sin acento] DESEMPEÑÓ UN PAPEL EXCEPCIONAL EN LA PROTECCIÓN Y EL FORTALECIMIENTO DE LA INDEPENDENCIA DE SU PAÍS”. También se puede leer esta evidente manipulación de los hechos: “AZERBAIYÁN ATRAVESÓ UN PRÓSPERO DESARROLLO DEMOCRÁTICO ASÍ COMO UN GRAN RENACIMIENTO ECONÓMICO BAJO SU LIDERAZGO”. De la misma manera nos encontramos con un interesante dato: Alíyev realizó una visita de trabajo a México en 1982, encabezando una delegación de la extinta Unión Soviética. ¿Y? Esto se presenta como prueba de nuestra indeleble amistad.

Ayer, dos chicos estaban sentados en una de las bancas que miran la figura de Alíyev. Me acerqué a preguntarles qué los había llevado por allá. Eran estudiantes de la Universidad Metropolitana. Habían intentado ir al Museo de Antropología que estaba cerrado, como todos los lunes. No, no sabían dónde estaba Azerbaiyán. Ella creía que estaba en Asia; él, en África.

El parque alrededor de la estatua ha recibido una evidente manita gato. Hay setos de flores, luminarias modernas, un nuevo pavimento y un pabellón que ostenta un letrero que dice: “CAFÉ BAKU” (capital de Azerbaiyán): allí venden tortas compuestas y sopa Maruchan.

Una quinceañera modelaba su vestido rojo con la cabeza recargada en un árbol. Parecía una flor más en el parque, de por sí colorido. Itzel Bracho, la fotógrafa, me dijo que acababa de descubrir este sitio y que pensaba seguir usándolo como locación para otras fotos.

Un letrero indica con flechas puntos importantes del parque: el monumento, el café y otros lugares de interés circundantes, como el Museo de Arte Moderno y el Museo Tamayo.

Pienso que le faltó señalar dos desvergüenzas más. La primera es el camellón donde están las esculturas cursilonas de Jorge Marín (camellón que, por cierto, también ostenta letreros absurdos, como la biografía del artista, escrita con una redacción incomprensible o los títulos de sus obras: Ángel en cuclillas IV monumental, Equilibrista en split monumental y Hombre universal monumental).

La segunda desvergüenza es la Estela de Luz. Pero creo que es mejor no señalar tanta desventura urbana.



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