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Mauricio Meschoulam

La guerra fría multipolar


02 de septiembre de 2012

La historia no siempre se mueve de manera lineal. A veces retorna, irregular, como en espiral, incorporando elementos frescos. Quizás estamos entrando en un nuevo periodo de guerra fría, sólo que ahora los contendientes no son dos, sino muchos polos. Una guerra fría se caracteriza, entre otras cosas, por actores estableciendo líneas de contención, esferas de influencia y oponiéndose, sin enfrentarse de manera directa, para detener los avances del enemigo. Bajo estas circunstancias, las carreras armamentistas se desatan sin remedio.

Paul Kennedy nos explica que los grandes titanes de la historia no tienen auges o caídas en términos absolutos, sino en relación con el poder que esa misma potencia ejercía en otros tiempos, y en relación con sus rivales. Unos caen respecto de otros que suben. La gran potencia global del siglo XX, Estados Unidos, se encuentra desde hace años experimentando una fase prolongada de declive relativo. Aunque siga siendo la primera economía del planeta y tenga, con mucho, el ejército más poderoso del globo, la distancia que hoy le separa de quienes le siguen es cada vez menor. Esto ha propiciado que otros saquen partida y puedan contrarrestar lo que antaño era un poder casi hegemónico.

Está, por ejemplo, el gigante ruso. Después de haber vivido una fase de reacomodo tras el desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y haber ejercido una oposición geopolítica relativamente menor durante algunos años, la Rusia de Putin se percibe a sí misma con la necesidad y la capacidad de contener una vez más la ferocidad de Washington. Su intervención directa en el conflicto sirio es sólo un reflejo. Desde hace tiempo Putin ha expresado que EU pretende romper los equilibrios y que eso no se puede permitir. Por ello, ante el sistema de misiles que la Casa Blanca ha comenzado a desplegar en zonas colindantes con Rusia, Moscú desarrolla ya su propio sistema de defensa de altísima tecnología. La carrera sigue en ascenso.

Pero esta vez no son sólo Washington y Moscú. Asumiendo su rol como la segunda economía del planeta y con uno de los ejércitos más poderosos, China reclama para sí lo que percibe como el espacio que debe poseer, por lo pronto en su región. Lo muestra a través de una agresiva expansión en sus mares. A su vez, envía señales como el desarrollo de una nueva generación de misiles balísticos intercontinentales que tendrían la capacidad de golpear el territorio norteamericano en una confrontación.

Europa, uno de los polos cruciales del sistema, no sólo participa con su gran economía, sino con un marcado activismo geopolítico en los asuntos que considera nodales para sus intereses, como en el caso de Libia. Al mismo tiempo observamos reacciones por parte de potencias como India, país que también se siente amenazado por el poderío de Beijing y que recientemente decide exhibir su músculo probando un misil que podría alcanzar a China en caso de agresión. En este contexto, el programa nuclear de Irán aparece como una necesidad para contener lo que ellos perciben como un embate de sus enemigos. Paralelamente, se reporta que las ventas de armas de EU se triplicaron en el 2011 impulsadas por sus aliados del golfo Pérsico, preocupados por Irán.

Estos factores han internacionalizado conflictos como el sirio, convirtiendo un choque de actores locales en uno de mucho mayor alcance en el que el bloque occidental liderado por Estados Unidos y respaldado por Turquía, Arabia Saudita y Qatar se enfrenta a otro bloque en el que se ubican Rusia e Irán apoyados por China.

Muchos pensaron que finalizada la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS observaríamos un mundo multipolar marcado principalmente por lo económico y lo comercial. Hoy la multipolaridad se manifiesta también, y no sin sangre, en la lucha por la geografía del planeta.

@maurimm

Internacionalista



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