Otra alerta alimentaria

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...
En las últimas tres semanas el precio del huevo, un alimento de la canasta básica, se ha incrementado en 100%, hasta 40 pesos por kilo en algunas regiones. La inflación se debe a factores imprevisibles como la influenza aviar y el alza en los costos de los insumos para la crianza de las aves. Sin embargo, si bien es limitado lo que las autoridades pueden hacer para alterar el flujo económico, sí deben actuar para que a los incrementos “normales” no se sumen los derivados de la especulación criminal de unos cuantos.
Hay antecedentes recientes a los cuales recurrir. En enero de 2007 la noticia fue otro aumento, el de la tortilla, por arriba de 10 pesos por kilo. A partir de esa fecha y hasta el año siguiente el mundo y el país en particular vivieron una escalada de precios que en México fue enfrentado con un acuerdo entre el gobierno y las cadenas de tiendas de autoservicios.
No hay mucho que los gobiernos, en un contexto capitalista y globalizado, puedan hacer para frenar las alzas de precio sin desbalancear otros factores de la economía. Basta ver los intentos en países como Venezuela o Argentina, por citar sólo dos casos, que con subsidios han buscado frenar una inflación que de cualquier forma les ha superado los dos dígitos.
La exigencia a las autoridades en México en 2007 y 2008, como ahora, no era sólo que su respuesta en términos económicos fuera limitada, sino que en su ámbito de protección al consumidor no se veían castigos a los especuladores. Y es que de la granja a la tienda hay muchas manos de las cuales se desprende la carestía.
Puede ser el caso en esta ocasión, como ocurrió con el maíz hace un lustro, que el alza en el precio al huevo se deba más a la acción de intermediarios que al aumento del costo de producción de los avicultores. En ese punto es que resulta más determinante la pronta acción del gobierno para castigar a quien busca aprovecharse de la escasez de un producto en perjuicio de la población.
México tiene que prepararse. En el horizonte se vislumbra un escenario de creciente demanda por una población que se ha quintuplicado entre 1960 y 2010, además de un entorno internacional en el que los alimentos suben por el empleo de biocombustibles y por la avidez de consumo de grandes mercados como el chino o el indio.
La actual coyuntura inflacionaria debe servir para reforzar mecanismos de contención. En un país sin soberanía alimentaria como el nuestro, una crisis de precios está siempre lantente.


