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Editorial EL UNIVERSAL

Las reformas estructurales

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...





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17 de agosto de 2012

El día de ayer, Enrique Peña Nieto, el candidato presidencial que obtuvo más votos en la pasada elección, trajo a colación el tema de las reformas energética, fiscal y laboral. Al hacerlo, indicó algo que ha sido reiterado en diversos foros: para que el país pueda crecer como se requiere y contemos con condiciones para el desarrollo, es necesario que se concreten dichas reformas. De este modo, regresa a la luz uno de esos asuntos pendientes más importantes desde hace sexenios, y en el que, dicho sea de paso, los últimos gobiernos apenas hicieron prosperar cambios de menor envergadura.

Hoy también PAN y PRD coinciden en que las reformas de gran calado son necesarias. No podemos continuar, por ejemplo, con una compañía estatal de petróleos en la situación financiera con la que hoy opera. Es indispensable además una reforma hacendaria integral que facilite el crecimiento y el desarrollo. A esos factores hoy tenemos que agregar la necesidad de un entorno laboral propicio para la generación de nuevos empleos de calidad. Pareciera entonces que al menos en esos puntos mínimos, casi todos concurren. Pero no basta.

Es necesario ahora dar pasos en una dirección que en los últimos años ha sido descuidada: la construcción de acuerdos para sacar esas reformas adelante. Coincidir y pactar con cierta fuerza política no supone someterse a sus designios ni que el acuerdo implique dejar de cuestionar sus acciones o postulados. El Congreso que deseamos debe tener la capacidad, por un lado, de oponerse al Ejecutivo cuando lo considere pertinente, de enriquecer sus iniciativas cuando corresponda, pero también de operar con eficacia en favor del futuro del Estado al que sirve. Como mexicanos, al final del camino, deseamos resultados que se traduzcan no sólo en crecimiento, sino en un desarrollo económico y humano, en el seno de un entorno pacífico donde las condiciones de vida de nuestra población verdaderamente sean mejores.

En esta etapa se abre una oportunidad. Los participantes de nuestra política deben dejar de lado sus agendas personales o de grupo y diseñar alternativas para que al cabo de un tiempo nos ofrezcan posibilidades de cambio. Para lograrlo, tienen que trabajar con imaginación a través de distintos canales. Por encima de todo, la sociedad pide que tanto el Ejecutivo como el Legislativo entreguen un mejor país, en lugar de explicar las razones para que al final del sexenio estemos en iguales o peores circunstancias que hoy.



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