Pintor que pinta paredes
Mónica Lavín (DF, 1955) es autora de novelas, cuentos y crónicas. Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, Narrativa de Colima por Caf ...
Más de Mónica LavínHuajuapán de León no es una ciudad bonita. No de golpe. Corazón de la mixteca, a caballo entre Oaxaca, estado al que pertenece, y Puebla del que está más cerca, ha sido ciudad de comercio, de intercambio. Su gran mercado sabatino lo confirma. Aunque el de la plaza, íntimo y colorido con sus puestos de chiles secos, sus quesos frescos y quesillos, cremas y panes de muchos tipos es más paseable, el de Zaragoza refleja la abundancia de frutas y hortalizas que se producen y venden para agasajo de los sentidos. Enormes pilas de sandías y plátanos, de jitomate y lechuga. Todo reventón como si el agua de los ríos de México les hubiera dado de más en el dispar reparto de las aguas. Uno no puede resistir las ciruelas amarillas y rojas, los tomatillos verdes diminutos, la hoja santa que cuelga en ramos boca abajo, ni las tlayudas que resguardan en canastos las mujeres que las venden. Pudiera tener más atractivo Huajapan, que resistió el sitio más largo en la gesta de la Independencia (111 días), donde hay vestigios de la cultura ñuiñe en el cerro de las Minas, que tiene una imponente Universidad Mixteca, que año con año después del rito de la matanza de cabras (ver documental de Jorge Prior: ¿Qué sueñan las cabras?) ofrece el tradicional “mole de cadera”, para deleite de los que caen o viven allí, que está circundada por el ondular de los cerros donde cada pueblo aledaño tiene fiestas y encanto y se hablan las lenguas antiguas. La ciudad sin duda pudo conservarse mejor, pero creció atolondrada y moderna, sin concierto. Luce la plaza arbolada con su elegante catedral de cantera roja y el mercado, lo demás hay que buscarlo con la imaginación, con la voluntad, en la amabilidad de su gente, en el talento. De la mixteca han surgido expresiones artísticas de primera magnitud, músicos como Rubén Luengas y su grupo Pasatono, la originalísima Lila Downs, el pintor Sergio Hernández, Heraclio Ramírez, el fotógrafo Stanislao Ortiz.
Por eso celebro lo que el pintor José Luis García, oriundo de Huajapan y que orgullosamente vive allí, está haciendo por su ciudad. Reconocido por su trabajo en barro, por el uso de los tintes tradicionales en su pintura, ha expuesto en la capital del estado de manera individual y como parte de un colectivo mixteco: El país de las nubes. Recientemente estuvo en Nueva York donde fue muy bien recibido. En Altavista, el barrio de José Luis, se nota su presencia y preocupación. La primera vez que estuve en su casa me llamó la atención no sólo el cuidado de su jardín, el horno de leña de su estudio, su casa con materiales de la zona, con objetos de su cosecha sino el color de la fachada. Un terracota fresco la distinguía en la diversidad colorida de las calles. Me contó que la pintura se hacía con tierra que fermentaba con agua, que era fresca y que se usaba tradicionalmente. Que quería convencer a los vecinos de que pintaran también las suyas así. Él podía conseguir la tierra. Ahora que he vuelto, antes de llegar a la calle donde vive José Luis, me ha sorprendido la uniformidad ocre de las casas, que continúa hasta su reja y calle abajo. Mientras José Luis esperaba la horneada de las losetas mural y convidaba un guachimole, cuenta que los vecinos se han ido uniendo en este espontáneo gesto de hacer de su barrio distinto, hermoso y hacerlo en propia mano. No es una tarea individual, colectivamente preparan la pintura con tierra y agua que fermenta, y van de casa en casa pintando “rojo indio”, como bautizó el color el artista, donde se necesita. “Entonces platicamos”, explica José Luis, “nos conocemos, nos interesamos los unos en los otros”. Pintar las casas no sólo ha cambiado el aspecto del barrio, sino su dinámica. Pronto estrenarán un ciclo de cine a cielo abierto. La iniciativa de los ciudadanos confirma que se puede hacer mucho.
A la vista de aquellas losetas de barro grandes que tan pronto son oscuras como azules y que irán adosadas a un muro, celebro que el pintor quiera a su barrio de la misma manera que respeta y trabaja su obra. No dudo que la próxima vez que vaya a Huajuapan, el avance de las fachadas color tierra será más elocuente que las palabras. Me quito el sombrero, José Luis.


