La evaluación indispensable

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...
A unos días de que entre en vigor el decreto que dotará de autonomía técnica al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), es importante determinar cuáles han sido los alcances del organismo pero también en qué flancos debe trabajarse para garantizar que éste sea autónomo en los hechos, no sólo en la ley.
Al iniciar el siglo XX, el gran reto civilizatorio del Estado mexicano era la cobertura universal en educación. Tocó a José Vasconcelos y a Jaime Torres Bodet la tarea. Es hora, un siglo después, de avanzar hacia la siguiente etapa: la calidad educativa.
El problema es que esa ruta ha sido truncada por incercias que privilegian intereses políticos y económicos antes que profesionales. Al ser el gobierno o los maestros los definidores de la política pública no podría ser de otra manera. De ahí la necesidad de crear y afianzar un organismo como el INEE, de carácter meramente técnico.
Margarita Zorrilla, actual directora del instituto, fue clara: este decreto es sólo uno de los muchos pasos hacia un INEE más fortalecido en sus tareas. Es necesaria una actualización más amplia y profunda del marco organizativo y legal, así como de las condiciones presupuestales con las que actualmente opera. Cabe señalar que autonomía no significa desconexión entre el instituto y el gobierno federal, sino una salvaguarda para separar la planeación académica y educativa de los intereses políticos, lo cual no ha ocurrido, en perjuicio de millones de alumnos.
La labor del magisterio, desde luego, deberá seguir siendo vigilar que se respeten los derechos laborales de los maestros, tal labor es necesaria, pero no tiene por qué interferir con la evaluación y el diseño de políticas educativas.
Del lado gubernamental, debe quedar claro que la evaluación no es un fin en sí mismo, sino solamente un medio para mejorar la educación a través de diagnósticos puntuales que revelen las fortalezas y debilidades de nuestras políticas educativas, mismas que habrán de evolucionar según los resultados de las valoraciones que proporcione el INEE. Allí radica la importancia de que este instituto opere con autonomía y valore los indicadores de manera imparcial.
La educación no es un tema aislado en el desarrollo de un país. De ésta depende, en gran parte, el futuro social y económico de México, que será más competitivo a nivel mundial conforme mayor sea el profesionalismo de sus políticas públicas.


