El apostolado

En la Administración Pública, como miembro del Gabinete Presidencial:
Ø Director General de Petróleos Mexicanos durante 8 años (198 ...
Más de Francisco Rojas
Tal vez el tórrido calor tropical o el vaho de las inundaciones en el Sureste provocan tales alucinaciones a López Obrador que lo hacen erigirse en representante de “la voluntad popular” y suponer que los 15 millones de votos que tuvo, muy respetables, son más que los 34 millones que no votaron por él, a los que agravia al calificarlos de masoquistas, tontos y corruptos, acusándolos de haber sido engatusados por los medios y los poderes fácticos, y de que 5 millones de ciudadanos se dejaron comprar por las fuerzas del mal, eso sí, nada más en la elección presidencial porque las otras, sobre todo las del Distrito Federal, fueron un dechado de limpieza y civilidad.
En 2006 AMLO exigía la nulidad de las elecciones y que se nombrara presidente sustituto; ahora demanda la invalidez de los comicios presidenciales y designar presidente interino que convoque a nuevas elecciones porque no se han limpiado “de la inmundicia y la corrupción” y los consejeros del IFE no han satisfecho su petición de aclarar perentoriamente los supuestos manejos de dinero ilícito en la campaña de Enrique Peña Nieto.
Pero tan válida es su petición de transparentar esos manejos como la del PRI de que se aclare el origen de los fondos de Honestidad Valiente, que financiaron durante seis años a AMLO y los gastos de campaña de Morena a su favor. La absurda y arrogante pretensión de que el único acuerdo posible es invalidar la elección y las cotidianas y descabelladas descalificaciones de López Obrador han provocado odio y desmesura en muchos de sus partidarios, que se han traducido en actos violentos contra establecimientos comerciales y sus clientes, por ahora.
Las acciones de algunos personeros de López Obrador son extrañas; uno, demanda “grandes concesiones” de Peña Nieto para que éste no se enfrente a la ingobernabilidad. Otro, no ceja en sus frecuentes chantajes a las autoridades electorales a las que amenaza con “movilizaciones populares” si no se comportan como él desea. Otros, andan rascando hasta bajo las piedras con tal de “probar” el fraude. Y sus fuerzas “juveniles” de agitación y choque se empeñan en terminar de apropiarse y encauzar los naturales reclamos de una juventud que no está conforme con el estado de cosas en el país y quiere hacer oír su voz y rescatar su propia agenda de futuro.
El mensaje de López Obrador es preocupante; ya se compara con Miguel Hidalgo, José María Morelos, Benito Juárez y Francisco Madero y pugna por consolidar su papel de víctima y apóstol incomprendido para justificar su derrota y poder seguir liderando a las izquierdas con miras a la elección de 2018. Su aspiración es legítima, pero corresponderá a las fuerzas moderadas de la izquierda permitirlo o no.
Lo que no se vale es propiciar la agitación y la inestabilidad en un ambiente de inseguridad pública y de creciente riesgo de una escasez generalizada de granos y aumentos de precios en la cadena alimentaria por sequías en gran parte del planeta, que se conjugará con la inestabilidad financiera europea y el lento crecimiento de la economía estadounidense, todo lo cual afectará nuestro crecimiento económico, pues México no es una isla y los “blindajes” pueden desvanecerse.
Pero, sobre todo, ya basta de tratar de violar la legalidad, torpedear las instituciones y contradecir la voluntad de 34 millones de ciudadanos. Es hora de deponer los odios, que tardarán mucho tiempo en desvanecerse, y procurar la concordia y la búsqueda de los consensos que tanto necesitamos para enfrentar las demandas de la población y brindarle la paz, la tranquilidad, los empleos y el bienestar social a que tiene derecho, para salir del marasmo y la desazón que nos han acompañado demasiado tiempo.
Coordinador de los diputados federales del PRI


