Endeudamiento y opacidad en la capital
@GabyCuevas
Conforme se van entregando las obras correspondientes a la línea 12 del Metro, un año después de lo planeado, han ido apareciendo datos preocupantes sobre el manejo de los recursos públicos por parte del gobierno de la ciudad.
Como punta de ese iceberg se reveló que el costo de la “Línea Dorada” del Metro no fue de 17 mil 600 millones de pesos, como se había establecido inicialmente en el contrato a precio alzado con ICA, CICSA y ALTOM, sino de 19 mil 600 millones de pesos, lo que representa un incremento de más de 11% del precio original. Pero no sólo eso. Hay quienes opinan que estos sobrecostos aún no terminan, que no se han revelado en su totalidad y que, finalmente, los saldos finales nos dejarán pasmados.
Por lo pronto, esos 2 mil millones de pesos son sólo una parte de la deuda que el gobierno de Ebrard heredará a los capitalinos, ya que desde inicio de su mandato y hasta el segundo trimestre del presente ejercicio el endeudamiento del Distrito Federal pasó de 44 mil a 54 mil 866 millones de pesos. Es decir, la deuda por habitante asciende ya a 6 mil pesos.
El endeudamiento perredista
La mala planeación financiera de la capital tiene su historia. Conforme al “Análisis de la Deuda Pública de las Entidades Federativas y Municipios 2000-2011” de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el DF registró un incremento en el saldo de su deuda en el periodo comprendido del año 2000 al 2010 a una tasa media de crecimiento de 6.2%, al pasar de 28 mil 718 millones de pesos a 52 mil 578 millones de pesos.
La mayor deuda se generó en tiempos de López Obrador, periodo en el que la deuda creció en más de 15 mil millones de pesos hasta alcanzar un saldo de 44 mil millones. Es decir, tan sólo entre 2000 y 2006 nuestra deuda creció en 53.5%.
Cifras como las anteriores llevaron a la ASF a concluir que, aunque la deuda del DF presenta condiciones de estabilidad, “su saldo es el más elevado del país, por lo que se requiere mejorar la recaudación local para aminorar la dependencia de los ingresos federales, equivalentes al 65.1% del total, así como recomponer la estructura de su gasto para reducir las erogaciones corrientes y disminuir los déficit presupuestario y primario”.
Pero el problema de los dineros públicos en la capital no sólo tiene que ver con cuánto se gasta, sino también con quién y para qué.
La opacidad
De acuerdo con el “Informe Estadístico del Ejercicio del Derecho de Acceso a la Información Pública en el Distrito Federal”, hay entidades federativas en donde son menos de 50 personas las que requieren algún tipo de información cada año, mientras que en la capital son más de 5 mil los solicitantes información. A esta situación se suma el hecho de que el área de mayor interés de los solicitantes es el referente al control y vigilancia de recursos públicos.
Todo ello refleja que el gobierno de la ciudad no es totalmente abierto y transparente. Hipótesis que se fortalece cuando observamos los resultados de la evaluación hecha por el InfoDF en 2011 respecto a la información pública de oficio que deben dar a conocer los entes públicos en sus portales de internet. En ese estudio, el instituto menciona que es preocupante que la información correspondiente a concesiones, licencias, permisos y autorizaciones, así como la relativa a programas sociales, tienen el peor índice de cumplimiento de transparencia con tan sólo 76.7 y 70.4, respectivamente.
En suma, el problema de la deuda pública es un asunto de la mayor trascendencia porque tras complicados esquemas de financiamiento como los que utiliza el gobierno de la ciudad se suelen protegen equilibrios de poder que distan mucho del interés público.
Y por los niveles de endeudamiento a los que están sometidos los capitalinos es urgente que se detallen los porqués de los sobrecostos y, al mismo tiempo, se garantice la eficiencia y transparencia de los recursos públicos; sobre todo en tiempos donde hay muchas dudas respecto al origen de los donativos que recibieron las asociaciones civiles Honestidad Valiente y Austeridad Republicana, mismas que han sufragado y promovido la candidatura de López Obrador de manera poco clara.



