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Jorge Zepeda Patterson

Gobernadores, el “quinazo” de Peña Nieto

Jorge Zepeda Patterson. Economista, sociólogo y columnista político. Fundó la revista Día Siete, distribuida por EL UNIVERSAL, entre otros ...

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05 de agosto de 2012

¿Cuál será el quinazo de Enrique Peña Nieto? La tradición no escrita señala que todo presidente debe establecer su autoridad mediante un golpe de timón, un manotazo sobre la mesa, una señal inequívoca de que hay un nuevo piloto en la cabina de control. Es una medida que los mandatarios entrantes creen necesaria para notificar al resto de la clase política que hay un nuevo jefe de plaza.

El equipo de Peña tendrá aun más presión para establecer su liderazgo. Luego de la parálisis política que caracterizó a los gobiernos de alternancia, existe enorme expectativa sobre la necesidad de un presidencialismo más proactivo y eficaz.

Nunca como ahora el nuevo inquilino de Los Pinos está en la necesidad de comunicar a los poderes de facto, que han tomado el control de buena parte del espacio político, económico y legal, que hay un árbitro con capacidad para dirigir las acciones y sancionar a los participantes.

¿Cuál podría ser este manotazo? Difícilmente podría ser en contra de un líder sindical, como Salinas contra el charro petrolero. Entre otras cosas, porque forman parte constitutiva de las columnas tradicionales del PRI. Y podemos olvidarnos de un embate contra Elba Esther Gordillo, toda vez que sus 10 diputados en el Congreso le permiten al PRI alcanzar la cifra mágica de 250 (incluyendo, claro, los legisladores de su partido parásito, el PVEM).

Tampoco se ve que Peña Nieto pueda recurrir a la estrategia de Zedillo, quien escogió al hermano del mandatario saliente para darle un “estate quieto” al poderoso grupo de Salinas. No creo que Peña pueda emprenderla contra Calderón o alguno de sus colaboradores cercanos (aunque motivo tendría). Sin el apoyo de los legisladores del PAN, al gobierno le sería casi imposible sacar adelante las reformas constitucionales que requiere el país. Lanzarse contra el PAN condenaría al sexenio a la parálisis.

Desde luego, tampoco le queda el recurso del que echó mano Calderón cuando sacó al Ejército para combatir el narco. En todo caso podría regresar a los militares a los cuarteles, pero sería una medida más anticlimática que espectacular. Podría ser incluso contraproducente. Hay un consenso generalizado de que el gobierno tendría que hacer una mejora sustancial en las policías antes de recuperar, sin ayuda del Ejército, los territorios actualmente perdidos.

Vladimir Putin recurrió a un recurso extremo para afirmarse en el poder: metió a la cárcel a Mijaíl Jodorkovski, el “Slim” de Rusia, en una medida arbitraria y muy repudiada internacionalmente. Es un camino muy poco probable para Peña Nieto. No sólo por sus estrechas alianzas con los capitanes del dinero, sino por la enorme necesidad de México de las inversiones extranjeras y la gran movilidad del dinero que exhiben los capitales nacionales. A diferencia de Putin, Peña Nieto no tendrá los ingresos de gas y petróleo con los que ha contado Rusia en los últimos años, que le permiten desafiar cualquier boicot internacional de los mercados financieros.

En suma, sólo le quedan los gobernadores. Deponer a alguno por vía política y legal tendría varios beneficios. Primero, el de informar a la clase política que hay un centro de poder encima de todos. Segundo, volver a colocar a la Federación encima de la arbitrariedad de la que han abusado los gobernadores, convertidos en verdaderos señores feudales.

Salinas “depuso” por una vía u otra a 16 gobernadores. Zedillo lo intentó contra Madrazo en Tabasco y fracasó. Fox y Calderón tuvieron que tragarse los excesos de Ulises Ruiz en Oaxaca, Mario Marín en Puebla o Emilio González en Jalisco, por mencionar algunos. Peña mostraría su músculo si logra la renuncia de algún gobernador, preferentemente priísta. ¿Por qué priísta? Porque un panista o perredista parecería abuso presidencial faccioso y partidista, mientras que contra un correligionario haría ver a la Presidencia institucionalmente eficaz y poderosa.

Por lo demás, la recuperación del territorio, el combate al narco y la posibilidad de reintentar políticas de desarrollo regional, pasa por una nueva preeminencia del Ejecutivo federal sobre la fragmentación geográfica. La tragedia de seguridad pública está muy relacionada con la fragmentación política del país.

¿Quiénes serían los candidatos propicios para este manotazo institucional? Tres posibilidades: Javier Duarte de Veracruz, Roberto Borge de Quintana Roo y Egidio Torre de Tamaulipas. En los dos últimos el PRI perdió las elecciones federales. Los tres son un desastre cotidiano. ¿Tiene usted otro candidato?

www.jorgezepeda.net

@jorgezepedap

Economista y sociólogo



Editorial EL UNIVERSAL Confiar en la policía


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