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Ricardo Raphael

Tras los huesitos del PAN

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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30 de julio de 2012

En la casa azul la batalla a penas comienza. Era difícil evitar que los dirigentes se estrellaran como meteoritos, pasada la derrota electoral. El desgaste experimentado después de gobernar por doce años a la República ha tocado ya los huesos de Acción Nacional; las fracturas son evidentes y las astillas se asoman por todos lados.

Como ocurre dentro de un avispero antes de la tormenta, los reproches zumban fuerte. Javier Lozano Alarcón, hasta hoy alfil muy leal a Felipe Calderón, aseguró que Acción Nacional atraviesa por el riego de la extinción.

Otra vez el argumento del peligro resuena para lograr la subordinación política de los oponentes. El jugo que esa camarilla a sacado de la amenaza, como tesis política, tiene de nuevo lugar, ahora dispuesta para que el actual jefe del Ejecutivo no pierda el control de su partido.

En una operación velocísima, el calderonismo sumó a su hebra de intereses a los ex presidentes del albiazul: Luis H. Álvarez, Germán Martínez y Cesar Nava. Solo faltó en esa suma Gustavo Madero, a quien poco tiempo le falta para ser también un ex. Igualmente ha agregado solidaridades a favor de esta corriente política Diego Fernández de Cevallos, quien aclaró en fecha reciente que él no ve mal la manera como se están cocinando las cosas en su partido. ¡Paradojas de la vida personal que hicieron del antiguo enemigo un aliado allanado!

Por lo pronto, la disputa principal se está dando a propósito de una fecha: ¿cuándo habrá de celebrarse la reunión donde se modificarían los estatutos de Acción Nacional? Felipe Calderón quiere que ésta ocurra antes de que él y su familia abandonen Los Pinos. La razón es más que obvia; una vez que haya entregado la banda presidencial, no tendrá la misma fuerza para instruir estrategia, gente y decisiones.

Del otro lado, todavía en voz muy baja, se alcanzan a escuchar los breves lamentos de la oposición frente al calderonismo. Por ejemplo, el senador electo por Chihuahua, Javier Corral Jurado, dijo en una entrevista reciente que al presidente, menos que a nadie, le corresponde encabezar el proceso de reflexión dentro del PAN. “Ya él … pudo hacer y deshacer y las cosas no … fueron bien, ahora tendrá que darle la oportunidad a otros para que lo hagan de otra manera” (Reforma 29/07/12). Dicho en una sola nuez: los adversarios exigen autonomía de Acción Nacional —vida propia— con respecto al calderonismo.

Es todavía difícil calcular cuánta fuerza real tiene la posición de Corral dentro de su partido y, sin embargo, resulta intuitivo afirmar que el enojo al interior de la casa azul, en contra de Calderón, debe ser grande. Dos son los principales reclamos: de un lado, el excesivo control que intentó, y logró, sostener sobre esta fuerza electoral durante su mandato. A manera de ejemplo, con respecto a Germán Martínez y César Nava, fue él quien construyó sus respectivas dirigencias para utilizarles siempre en beneficio propio.

Luego vino la operación para controlar la selección del Consejo Político panista y, sobre todo, las candidaturas más relevantes. Con el argumento del peligro, tanto en 2009 como en 2012, se afirmó que, si las y los candidatos del PAN al poder legislativo no eran elegidos, en su mayoría, por el Comité Ejecutivo Nacional, muy probablemente el crimen organizado penetraría la estructura de la institución. Así, el calderonismo llevó la mano en ese proceso y la seguirá llevando porque una buena parte de los legisladores electos de este partido le deben al michoacano el puesto que ocuparán durante los próximos tres y seis años.

El otro enojo se debe a la manera como el presidente trató de manipular la contienda interna para colocar a Ernesto Cordero como abanderado presidencial, y luego, también la forma como abandonó a su suerte a Josefina Vázquez Mota.

Si bien al aún mandatario no le han salido todas sus jugadas, su interés por imponer se mantiene. A muchos panistas esto les incomoda, lo cual puede ser tierra fértil para que una corriente anti-calderonista emerja con contundencia. Ocurrirá sólo si dentro del PAN se ostentan nuevos liderazgos capaces de capitalizar la animadversión subterránea.

Ya Josefina Vázquez Mota se hizo a un lado cuando, hace tres semanas, declaró que ahora su papel estaría del lado de la sociedad civil. ¿Será entonces Corral quien levante el estandarte de la oposición?

Hoy sólo se puede profetizar que el asunto se va a poner muy interesante.

 

Analista político



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