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Alejandro Gertz Manero

¿Se rendirán los jóvenes?

Es doctor en Derecho por la UNAM. Se ha desempeñado como abogado litigante y como empresario en la industria editorial y en el sector comerci ...

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18 de julio de 2012

Es evidente que el sistema político, su inmensa corrupción y las leyes que lo protegen se habrán de imponer electoralmente sobre las evidencias de inequidades, de compra de votos que llevaron a cabo todos los partidos, pero fundamentalmente y de manera abrumadora el PRI; lo que habrá de culminar en un difícil y cuestionado triunfo de Peña, que restará legitimidad y gobernabilidad a su mandato, a lo que habrá que agregar la prepotente imposición de un buen número de personajes “impresentables” o inocuos, inútiles e irrelevantes en el Congreso, cuya mayoría formará el coro de incondicionales a favor de aquellos partidos que se hallan al servicio del dinero.

En esas circunstancias la mayoría de los ciudadanos no podrán darse el lujo de enfrentarse a él y habrán de “acomodarse” a lo malo conocido, aceptando a regañadientes esa vergonzosa realidad. Los grandes intereses económicos que participaron en la lucha electoral para defender sus monopolios, abandonarán con prontitud esa trinchera que ya es inútil defender, para ahora fortalecer su presencia activa y bien centeaveada en el Congreso y en las burocracias, preservando así su poder. En resumen, la vida nacional seguirá deteriorándose para la mayoría de los mexicanos, que habrán de someterse al gobierno con gran resentimiento, mientras éste continuará en un proceso permanente de erosión y de cuestionamientos.

En el ámbito de la seguridad, el gobierno entrante intentará un malabarismo que finalmente no le va a resultar, para al mismo tiempo apoyar al gobierno norteamericano en su lucha por detener a los capos mexicanos que mandan droga a ese país, mientras negocia con el crimen organizado interno para reducir la violencia demencial y maquillar la creciente criminalidad cotidiana; estrategia que es intrínsecamente contradictoria e inútil, ya que la delincuencia sólo negocia para seguir delinquiendo y por esa razón nada se habrá de resolver. La crítica y la descalificación en los medios continuará incrementándose, ya que ese ámbito de libertad que se ha ganado en una guerra sorda y sangrienta no tendrá marcha atrás y continuará exhibiendo la realidad, sin lograr por ello que el sistema cambie sus conductas, como ya se ha demostrado hasta el cansancio. Las grandes empresas encuestadoras que se hundieron en el ridículo    tendrán que esperar a que el tiempo borre las evidencias de sus fracasos o de su entreguismo farisaico, pero ya nunca más volverán a alcanzar la credibilidad perdida.

El único sector de la vida nacional que podría hacer algo para propiciar un verdadero cambio, en este continuado deterioro, es el de los cientos de miles de jóvenes universitarios que ya rompieron las barreras entre instituciones públicas y privadas y supieron unirse más allá de divisiones falsas y burocráticas, y que ahora tienen en sus manos la opción de asumir una responsabilidad histórica de trascender o de someterse a sus verdugos como lo hizo el movimiento de 1968, que fue aniquilado o cooptado en su mayor parte por el sistema, en una de las operaciones de corrupción más exitosas, que estuvo administrada y dirigida desde la Presidencia y la SEP. Este nuevo movimiento universitario debe tener muy en cuenta esas experiencias tan apabullantes, y lo que comenzó como un repudio evidente a un candidato, que pudo haber sido promovido por alguno de sus contrincantes, o por una ideología de liberación de carácter religioso, o por intereses económicos en pugna; ahora se ha ido convirtiendo en un movimiento de grandes alcances que está uniendo a toda una generación de futuros intelectuales, técnicos y profesionistas que, si asumen la responsabilidad que ellos mismos buscaron, tendrán en sus manos el destino del país y el suyo propio.

Si este movimiento no se “desinfla” y logra remontar el desánimo sin dejarse comprar y dividir, y no cae en la pasividad o en la violencia y se concentra en definir una meta clara que signifique el cambio de fondo que el país necesita para que exista en México una verdadera justicia para todos, el país podrá trascender de esta noche negra del cinismo y la corrupción, para empezar a ver las luces de una alborada ciudadana que salve a la nación y que reivindique a esta nueva generación universitaria.

 

editorial2003@terra.com.mx
Doctor en Derecho



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