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Editorial EL UNIVERSAL

Triunfador: el ciudadano

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los derechos humano ...

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02 de julio de 2012

Gobiernos y autoridades hicieron lo suyo también, en la justa medida en que la ley limita a cualquier fuerza política a inducir resultados o violentar la voluntad popular.

El Instituto Federal Electoral (IFE) logró instalar el 99.9% de las casillas, reunir a todos los funcionarios de casilla necesarios para conducir los comicios, pero aún más importante, recobró las fortaleza y credibilidad necesaria para ser el auténtico y único reconocido árbitro electoral.

A su vez, los partidos políticos dieron ejemplo de civilidad y madurez al lograr un número casi total de representantes de casilla, respetar en sus líneas generales los lineamientos del proceso y, en el caso de quienes no se vieron favorecidos con el voto ciudadano, la mayoría reconoció con honor y decoro su desventaja, y en algunos casos se reservaron su pleno derecho de impugnación vía las instituciones diseñadas exprofeso para encauzar por la vía legal cualquier inconformidad o duda que pudiera existir.

Por ejemplo, hay un cierto número de denuncias partidistas de prácticas de coacción y compra del voto en algunos lugares del país que tienen que ser probadas y sancionadas. No podemos revivir viejas prácticas propias de un régimen cerrado. También habrán de revisarse escrupulosamente las cuentas de los gastos partidistas, para evitar que se hayan rebasado los topes autorizados por ley.

En cualquier caso, existen las instituciones adecuadas para desahogar cualquier controversia en paz y con estricto apego a la legalidad. Nadie puede regatear, ya no digamos el triunfo ajeno, sino el deseo de los electores. Estas fueron las elecciones más vigiladas de la historia, tanto por partidos, como por ciudadanos. La presencia de ese nuevo actor que son las redes sociales contribuyó a que no hubiera frase sin ser analizada, discurso desmenuzado o postura criticada. La emergencia juvenil de los estudiantes también fue una bocanada de aire fresco que sin duda representa un avance político para México.

En suma, que ya casi nada es ajeno al escrutinio público. Enhorabuena; sólo así accederemos a mejores niveles de transparencia y rendición de cuentas. Estas son buenas noticias en la lucha contra la impunidad.

Además, el voto de ayer nos muestra lo plural y heterogéneo del espectro político nacional, riqueza en la que descansa el andamiaje democrático de la nación. Partidos que ganaron en un lado perdieron en otro, como reflejo de determinadas condiciones locales, biografías personales y condiciones históricas o de coyuntura.

Hay sin embargo, una gran tendencia: a que no hay ganadores absolutos, ni mayorías aplastantes. Tenemos que habituarnos a la cohabitación política y a los contrapesos legislativos y municipales, rasgo distintivo de las democracias modernas, que nos aleja de los sistemas hegemónicos totalitarios y dictatoriales. Esto también tiene que ser valorado en toda su dimensión e importancia. Mucho nos ha costado a los mexicanos irnos labrando un camino en verdad democrático. No podemos desandarlo.

La copiosa votación emitida ayer, que ascendió a 49 millones de mexicanos, equivale al 62% del padrón, lo que representa un buen síntoma. Se pudo vencer el abstencionismo, que ha sido un rasgo ominoso de la vida nacional. La apatía por la cosa pública o la política se ha vuelto un lugar común en el imaginario político mexicano, como algo ajeno a los ciudadanos. La jornada del domingo revela que, por el contrario, hay una reserva de entusiasmo participativo no bien comprendida o analizada.

Ciertamente, las elecciones federales en las que se elige Presidente de la República suelen ser más nutridas que las de medio sexenio, sin embargo hay espacio al optimismo de que la jornada de ayer haya sido un parteaguas de la reactivación de una ciudadanía participativa. En suma, que el saldo es más que positivo.



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