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Ricardo Raphael

Dos lados de una misma conciencia

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela ...

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02 de julio de 2012

Este proceso que ayer concluyó tuvo momentos luminosos y otros francamente detestables. Por método inicio con lo primero: a diferencia de otros tiempos en que los candidatos eran prácticamente los únicos protagonistas de las campañas, esta vez la sociedad tuvo muchas cosas que decir y preguntar. No puedo afirmar que los papeles se hayan invertido, pero sin duda se equilibraron.

Si algo hay que celebrar es que la demanda ciudadana fue robusta y poderosa. Cierto es que las campañas trazaron su propio itinerario, pero también las candidaturas tuvieron que salirse del guión para responder a la sociedad.

Los grupos organizados no quisieron quedarse sentados a escuchar a los abanderados; les convocaron, les amonestaron, les obligaron a comprometerse. Lo mismo en el tema de derechos humanos, que en educación, rendición de cuentas, estabilidad económica, ambiente o derechos de la infancia, entre otros.

Haciendo un balance me atrevo a decir que, al menos la mitad de los encuentros entre candidatos y sociedad, ocurrieron a solicitud de la segunda. No puedo negar mi contento cuando observo una sociedad más densa en sus reflexiones y sinceramente echada para adelante a la hora de fijar agenda pública.

La mejor expresión de esto fue el movimiento #Yosoy132 que, más allá de su incidencia directa sobre el resultado comicial, logró colocar a los jóvenes como el tema más importante de nuestro presente; lo hizo a contragolpe de la omisión que todos los candidatos habían cometido, y aun más difícil, contra la negligencia de la mayoría de los medios de comunicación.

En el otro lado del análisis, contrasta la política premoderna que también hizo escándalo al comprar, corromper, coaccionar y burlar el voto. Me refiero a la enorme cantidad de recursos, la mayor parte públicos, derrochados en publicidad de calle, regalos para los necesitados, nómina para promotores, acarreos infames y en dinero regalado a la tesorería de algunos medios; todo un etcétera rancio e inaceptable que nada tiene que ver con la estatura merecida por este país para la nueva centuria.

Si la autoridad electoral hace bien su trabajo no nos sorprenderemos al ver expedientes tanto o más gruesos que el Pemexgate o los Amigos de Fox. Ya en el pasado la autoridad destapó cloacas deshonrosas y los beneficiarios de tales estrategias de financiamiento tuvieron que tragarse completo el sapo. Hago aquí un voto de confianza para que, sin importar quién ocupe mañana la Presidencia, IFE, Fepade y Tribunal Electoral guarden suficiente dignidad para perseguir hasta la última de las irregularidades cometidas durante esta contienda.

Curioso país el nuestro donde expresiones aplaudibles y posmodernas de la sociedad pueden convivir con tanto atraso clientelar y envilecido. Esto seguimos siendo: mezcla de dos conciencias que no logran trascenderse de una vez y por todas.

 

Analista político



Editorial EL UNIVERSAL Contrapeso no es división


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