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Mauricio Meschoulam

Obama y Putin: caras largas en Los Cabos


24 de junio de 2012

Los rostros lo decían todo. Desde el primer encuentro entre los dos mandatarios era evidente que la distancia que hoy separa a las dos potencias está creciendo. No es fácil dialogar sobre ciertos temas como los económicos o financieros, cuando los desencuentros geopolíticos son cada vez más notorios. Dos fantasmas merodeaban los pasillos en Los Cabos: la crisis en Siria y el fracaso de las negociaciones entre las potencias e Irán. Clinton había preparado el terreno pocos días atrás exhibiendo la presión que Washington pretende ejercer contra Rusia en estos temas. Acusando a Moscú de armar con helicópteros de combate a Damasco, y sabiendo que ello irritaría a Putin, es difícil pensar que la Casa Blanca no estaba consciente del nivel de tensión que prevalecería en la cumbre.

Muchos factores reflejan lo que quizás pudiera convertirse en una nueva guerra fría light. Éstos incluyen, sin duda, la percepción que Putin tiene acerca de cada uno de los movimientos de Washington en el mundo, y muy concretamente en la zona geoestratégica colindante con Rusia. Está como ejemplo el despliegue del escudo antimisiles de la OTAN en Turquía y la imperativa necesidad que siente Moscú de contrarrestarlo a través de nuevo y más sofisticado armamento. Está también el recelo con el que el Kremlin aprecia el incremento de la presencia estadounidense en el Pacífico. Pero eso no es todo.

La primavera árabe ha tenido menos el efecto de democratización que muchos originalmente plantearon, y mucho más un impacto de desestabilización geopolítica en una zona que resulta crucial para ambos superpoderes. Putin percibe que Washington está buscando aprovechar la fragilidad regional para afianzar su influencia y quebrar el sistema de alianzas que preexistía. Ante ello, el Kremlin está intentando enviar todas las señales necesarias para mostrar que hay espacios en donde puede vivir con la presencia de la OTAN, como Libia, pero hay otros en donde no cederá.

En cuanto a Irán, a pesar de las enormes diferencias, ambas superpotencias al menos parecen coincidir en la necesidad de evitar la guerra. Sin embargo, Rusia se mantiene colaborando con el régimen de los ayatolas en su programa nuclear, lo que molesta a la Casa Blanca. Casi al mismo tiempo que Obama y Putin se encontraban en Los Cabos, la tercera ronda de negociaciones con Irán fracasaba. Este problema crecerá si es que las siguientes negociaciones no tienen éxito, dado que en tal caso, Rusia querrá seguir ensayando vías pacíficas, mientras que Washington ya examina otras alternativas.

Pero lo más delicado por ahora es el caso de Siria, quizás el ejemplo más evidente del riesgo al que se está llegando. A diferencia de otros países que en el mundo árabe experimentaron protestas, Siria es un añejo y abierto enemigo de Washington, en torno al que Obama puede desplegar sin preocupaciones el discurso de protección a los derechos humanos y las libertades. Atacar al régimen de Assad, por tanto, garantiza al presidente demócrata al mismo tiempo el estar apoyando a “los buenos” de la película y clavar una daga en el seno de una alianza enemiga, la que sostiene hoy Damasco con Teherán (y su brazo libanés: Hezbolá). Siria en ese sentido representa el caso ideal en la agenda de la Casa Blanca.

Con estas intenciones, sin embargo, se topa directamente la agenda de Moscú, para quien Siria resulta uno de los territorios más estratégicos en toda esa región. Los Assad son viejos aliados del Kremlin. La línea en donde las superpotencias se están enfrentando en esta nueva especie de guerra fría, por tanto, pasa por Damasco. Hoy se sabe que al mismo tiempo que Moscú está armando a Assad para combatir a los rebeldes, aliados de Estados Unidos como Turquía y Arabia Saudita, apoyados por la CIA, están equipando a las fuerzas que luchan contra el dictador. Como antaño.

No es ningún secreto, entonces, que Rusia y EU se encaminan, en algunos lugares como Siria, hacia ese tipo de confrontación en donde los intereses de uno pelean contra los del otro empleando sus armas, sus servicios de inteligencia y apoyo, sirviéndose de las fuerzas locales y de la gente común como carne de cañón. Una historia conocida. Tanto Obama como Putin lo sabían cuando se saludaban en la Baja California. Y no pudieron evitar que sus caras largas los delataran.

@maurimm

Internacionalista



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