Daños colaterales en los cambios de gobierno

Convencida de que sólo con la participación de los vecinos se puede mejorar nuestra calidad de vida en el Distrito Federal, Laura Herrejón i ...
Más de Laura Elena HerrejónEstamos a una semana de que se lleve a cabo el proceso electoral y quienes aspiran a ocupar una silla (bueno, casi todo el comedor, por el acomodo que harán de todas las facturas políticas pendientes) andan apurados pero muy contentos, pensando que, o son los punteros y ya la hicieron, o en una de ésas hacen “la chica” y se cuelan a la grande.
En lo personal, también estoy contenta de que sólo falten unos cuantos días de campaña, pero por diferentes motivos: quiero de vuelta a la normalidad la vida y las calles de mi ciudad.
A partir del 2 de julio tendremos una especie de “muerto el rey, viva el rey”, por lo que entrarán a la congeladora las soluciones de muchos de los asuntos que afectan nuestra calidad de vida y que estaban a la espera de ser atendidos por las autoridades respectivas.
En breve comenzará la entrega-recepción de las administraciones, las cuales sirven para que se vayan perfilando los que ocuparán los diferentes puestos y comenzará el desfile de los amigos, los recomendados y las facturas políticas contraídas en campaña.
Así, dará inicio un ciclo más de “volver a empezar” en la mayoría de las delegaciones y oficinas de gobierno del DF. Esto es lo que yo llamo los daños colaterales, ya que muchos de los programas de gobierno y procedimientos suelen ser a modo del gobernante en turno y no institucionales.
Al que llega le gusta imprimir su estilo y comienza por cambiar mobiliario y a hacer obras de remodelación que, en muchas ocasiones, son un gasto innecesario.
Se siguen con cambiar el logo de la delegación política y se inventan su frase del trienio, la cual, como quieren que aparezca en toda la papelería, deja inutilizada la papelería anterior, generando un desperdicio considerable.
Y si el cambiar el nombre de salas de juntas, deportivos o casas de cultura puede ser cosa menor, el cambiar las reglas de atención ciudadana (me gusta más el término vecinal) sí nos afecta seriamente.
Sé que hay ciertos lineamientos para las delegaciones que son a nivel central (gobierno del Distrito Federal), pero hay muchos otros que son competencia de los delegados y por experiencia, sé que en lugar de reconocer lo bueno que se ha hecho y continuarlo, se suele caer en la tentación de borrar toda huella del delegad@ anterior (aunque sea del mismo partido) afectando la atención y los servicios a los habitantes de esa demarcación.
Así, cada tres años los vecinos y las organizaciones que tenemos interrelación con las autoridades tenemos que comenzar, prácticamente desde cero.
En muchas ocasiones han llegado a desconocer los folios otorgados a un trámite por la autoridad anterior, perdiéndose con esto la continuidad de la gestión.
Súmele que en el reparto de los huesos, perdón, de los puestos, en muchas ocasiones las personas que llegan a ocuparlos no tienen experiencia, afectando, insisto, la atención a nuestras demandas.
Así, transcurren por lo menos seis meses (si bien nos va) en que la nueva administración se ajuste a su nueva chamba; luego trabajan o intentar dar resultados un año y, ya que se entrenaron en el puesto, comienzan a prepararse para saltar a otro lado, ya que las campañas comienzan de nuevo y hay que ver con qué candidato o con qué partido les va mejor.
El tiempo real de trabajo efectivo disminuye considerablemente, afectando con ello los servicios que se deben brindar a la comunidad.
Como cada tres años, veremos de qué “tiene ganas” el ganador de la contienda.
Como cada tres años, volveremos a ver cómo intentan inventar el hilo negro.
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