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05 de junio de 2012

Sólo se puede evaluar lo que se puede medir. Con esta lógica comenzó ayer a aplicarse a 15 millones 700 mil estudiantes de planteles públicos y privados del país la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares, conocida como la prueba ENLACE, en materias como matemáticas, ciencias y español.

Se aplica en un momento especialmente delicado de la relación del magisterio nacional con el gobierno federal, en el que tanto el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), como su disidencia, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), se oponen a la modernización de los mecanismos de contratación, escalafón y medición de la calidad docente incluidos en la Alianza por la Calidad Educativa (ACE). Argumentan razones diferentes, que van de las puramente académicas a las francamente políticas, pero que curiosamente convergen al final en un mismo afán de bloqueo a los programas gubernamentales.

Esta virtual parálisis a la que se pretende inducir al sistema educativo nacional ha rendido frutos para los maestros en entidades como Oaxaca y Chiapas, así como parcialmente en Guerrero y Michoacán. En el resto del país la prueba ENLACE fluye con normalidad, lo que muestra que la gran mayoría de maestros sí están comprometidos con la calidad educativa.

Al respecto el presidente Felipe Calderón señaló ayer que “¡ya estuvo bueno!” de que se deje a los niños en el país sin clase por intereses grupales o políticos, y advirtió a los maestros que la evaluación magisterial es un proceso irreversible y un compromiso suyo irrenunciable e inquebrantable.

Esto es cierto, aunque debe considerarse también que el magisterio siendo una variable importante de la ecuación educativa, no es la única, y que gran parte de la responsabilidad de una excelencia académica parte de que el propio Estado provea las condiciones para que México pueda acceder con ventaja en la sociedad del conocimiento, que por el momento nos es lejana.

Los gobiernos federal y estatales han incumplido en su tarea rectora y en su responsabilidad para facilitar las condiciones escolares y de infraestructura elementales para garantizar mínimos de calidad en la educación. Escuelas sin agua, techo o pizarrones también influyen en el atraso, lo que nos lleva a concluir que la responsabilidad es compartida y que, por lo mismo, nadie puede evadir la parte que le toca en la reconstrucción del tejido educativo nacional.



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