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Mauricio Meschoulam

Ataques contra Sabritas, ¿son terrorismo?



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03 de junio de 2012

El uso del lenguaje siempre es delicado. Hablar de temas como "terrorismo" puede de pronto invocar espíritus no deseados, actores que se sirvan de este discurso para avanzar determinadas agendas tanto en nuestro país como en el extranjero. Pero por otra parte no reconocer ciertos signos, señales o indicios, cuando estos sí se presentan, aunque sea de manera difusa, puede producir algo incluso peor: la evasión.

Comprender en qué consiste el fenómeno, en cambio, nos empodera como sociedad porque podemos llamarlo por su nombre cuando llega, pero también nos permite evitar que algunos se aprovechen y cataloguen como terrorismo a lo que no lo es (recuérdese caso de tuiteros de Veracruz).

Una y otra vez estamos viendo en México ciertos incidentes que no pueden ser clasificados estrictamente como terrorismo clásico, pero que sin embargo, presentan ciertos componentes del mismo, lo que tiene menos que ver con el lenguaje que con la necesidad de atender el shock producido en la sociedad. Es decir, no lo llame usted terrorismo, llámelo cuasi-terrorismo, proto-terrorismo, o simplemente llámelo: "la manipulación de un acto violento para impactar la psique colectiva a través de la producción de terror o miedo exacerbado con el fin de afectar conductas, opiniones o actitudes en las audiencias que atestiguan el hecho de manera indirecta (a través de los medios)". O bien, llámelo del modo que mejor considere, pero pongamos atención a los elementos, a los componentes de esta clase específica de violencia y hagámosles frente.

Atentados como los que se ejecutan en contra de Sabritas no responden a una batalla militar entre dos grupos en combate. Quemar una camioneta tiene muchos objetivos, pero no se está agrediendo a un ejército o cuerpo de seguridad. Se ataca a una empresa, y de cierto modo, con el objeto de transmitir mensajes a la mente de un número de actores involucrados y no involucrados. El primer recipiente puede ser la compañía misma, como lo muestran las mantas que complementan los hechos. Si únicamente son actos de represalia no se trata propiamente de terrorismo clásico. Pero el mensaje no termina ahí, y es esto lo que se necesita enfatizar. Al actuar en contra de una empresa de capital estadounidense del tamaño de Pepsico, en determinado lugar y de determinada manera, se está buscando también enviar un mensaje al Estado y al resto de la sociedad: "Esto es lo que sucede cuando no haces lo que yo te digo, o cuando te metes conmigo. Este es el tamaño de mi poder y mi capacidad de ejercer daño. Si puedo atacar a una empresa como Pepsico, que les quede claro, puedo atacar a quien sea", y así sucesivamente. A veces quien ejecuta los actos violentos no necesariamente tiene la intención de enviar esta clase de mensajes tal y como lo describo con puntos y comas; a veces sí. Pero al final eso termina resultando irrelevante para la población-audiencia, porque el impacto psicológico que estos incidentes producen se da con o sin la intencionalidad de provocarlo.

En suma, el ataque a Sabritas sería catalogado como terrorismo clásico si el móvil de los actores hubiese sido emplear el incidente como instrumento para enviar un mensaje de terror a toda la sociedad. Si el propósito era únicamente de represalia en contra de la compañía en cuestión, o bien, si había una combinación de objetivos, el incidente puede nombrarse cuasi-terrorista, proto-terrorista, o de la manera que se guste, siempre y cuando entendamos que los efectos psicosociales producidos en la población-audiencia a raíz de la reproducción y retransmisión del hecho o su narrativa, resultan casi idénticos a los de un atentado terrorista clásico. No comprenderlo es el primer paso para evadir algo que está sucediendo y que debemos afrontar.

Si en esto último, al menos, nos ponemos de acuerdo, entonces podemos avanzar y hablar de los pasos que nuestra sociedad -sector público, sector privado, OSCs, academia y medios- debemos tomar para prevenir las crisis y el shock, e intervenir adecuadamente cuando estas ocurren. Es muy simple: el terrorismo (en cualquiera de sus formas y derivaciones) es la guerra que se libra no en el terreno material sino en el campo de la psique colectiva. No se combate con más tanques y soldados, sino con inteligencia, imaginación, entendimiento y conciencia, pero de frente. Ni modo. Esto es lo que nos ha tocado vivir. Podemos lamentarlo y llorar o ver qué demonios hacemos para sacar lo mejor que tenemos, que no es poco.

@maurimm

Internacionalista



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