De izquierdas y derechas
Nació en la Ciudad de México en 1951. Estudió medicina en la UNAM y psiquiatría en la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota. Ha publicado m ...
Más de Juan Ramón de la Fuente*El lenguaje en la política ha cambiado, en México y en el mundo. Lo que antes podía definirse con un solo vocablo, hoy ya no es tan fácil. Acaso se requiere de una nueva taxonomía, más precisa o más flexible; más rigurosa o más laxa.
Francois Hollande, por ejemplo, habla de una izquierda madura, racional, ineludiblemente democrática y democratizadora. Por el otro lado, la destra è mobile, tal cual la describe Mark Lilla, profesor de humanidades en la Universidad de Columbia, y vaya que sabe moverse, habitualmente cerca de las posiciones más rentables.
¿Por qué avanza la izquierda en las sociedades dominadas por la derecha (Francia) y la derecha hace lo propio en las que han estado gobernadas por la izquierda (España)? Al parecer ni una ni otra han logrado contender exitosamente con ese complejo fenómeno que es la globalización, que día a día nos muestra que va mucho más allá de las concepciones simplistas que pretendieron definirla en los primeros años. Cada vez queda más claro: la globalización es, ante todo, una construcción política. No se trata solamente de un fenómeno derivado de las impresionantes tecnologías de la comunicación y de la información en tiempo real, o del flujo internacional de capitales y el libre comercio. El periodista estadounidense Thomas Friedman, autor de La Tierra es Plana, hagiógrafo entusiasta de la globalización, se ha equivocado rotundamente: el mundo no es plano ni se está aplanando. Basta echar un vistazo a Europa, llena de hoyos, barrancas, precipicios y desfiladeros.
La economía del mercado sin restricciones, ha sido también la economía del despilfarro, del suicidio, de los productos desechables y de las finanzas especulativas. El problema de los gobiernos en los tiempos actuales gravita más sobre la economía que sobre la ideología. Pesan más las finanzas que la ciudadanía. Hay un desplazamiento del poder de los gobiernos a los mercados.
¿Vivimos entonces el ocaso de las ideologías? ¿Habrán llegado a su fin? ¿Se trata solamente de un conjunto de ideas que dejaron de serlo para convertirse en consignas? No lo creo pero, en todo caso, en el imaginario colectivo, las etiquetas izquierda y derecha siguen vivas y pueden jugar un papel importante en estos tiempos electorales mexicanos.
Toca a la izquierda asumir la política que apela a la ética y rechaza la injusticia, como diría Giovanni Sartori. Desde mi perspectiva, también le corresponde mantener vivos los grandes anhelos colectivos y convencer, más allá de la misma izquierda, de las enormes potencialidades que tenemos como país.
No se trata pues, de plantear solamente una necesaria transición económica desde la izquierda, sino de asumir, asimismo, la transición generacional que permita a la juventud cumplir dignamente con su destino. Esto que es tan fundamental no parece interesarle sobremanera a la derecha. ¿Qué dicen los jóvenes que han salido a las calles de México?
La izquierda debe plantear que es posible alcanzar la concordia de la inteligencia y la esperanza en una república democrática más justa. Combatir los abusos, las remuneraciones y los beneficios excesivos y, simultáneamente, combatir la ignorancia y la desigualdad. Rescatar la dignidad de la clase trabajadora y, en especial, de las mujeres; los derechos de las etnias y de las minorías, las oportunidades para la gente del campo y la conservación del medio ambiente.
Compete a la izquierda también lograr que crezca la economía que propicia el desarrollo, la inversión en las empresas, el empleo; la inclusión financiera (de la que tanto se habla y tan poco se hace). Desarrollar una economía sustentable y solidaria. Pero sobre todo, la gran tarea de la izquierda es educar, educar a todos los niveles: educar para la libertad, la tolerancia y el progreso.
El progreso no es una ideología, es más bien un anhelo colectivo de ir hacia adelante, de avanzar hacia algo mejor y, si bien, no es exclusivo ni de la derecha ni de la izquierda, son los movimientos progresistas los que tiran a la izquierda, en todo el mundo, los que han sabido nutrir al progreso con las ideas más fecundas. Un progreso con rostro humano, capaz de combinar el conocimiento, la ciencia y la tecnología con una ética fundada en el respeto a las personas, a sus diferencias, a su entorno ambiental y al potencial insospechable que tiene cada una de ellas. Todas merecen ser educadas tanto como las demás.
La democracia nos permite distinguir y escoger. Las posiciones más conservadoras, en el fondo, proponen mantener el estado de cosas, no son progresistas: que el mercado se encargue de premiar a los mejores y de castigar a los menos aptos, a los ignorantes; que siga siendo, el nuestro, un país de nuevos ricos (pocos) y de nuevos pobres (muchos).
Las campañas políticas son para prometer, para ilusionar. De ahí la importancia de saber qué piensan los candidatos sobre temas específicos: el matrimonio entre personas del mismo sexo o el derecho a una muerte digna; cuál es su visión del mundo, de la relación entre el individuo y la sociedad y, por supuesto, cómo conciben al gran ausente, hasta ahora, en los debates: el Estado. Quien gane la elección será el jefe del Estado mexicano. Y usted, amable lector, potencial elector, ¿dónde ubica un mejor futuro para México?, ¿en la izquierda, en la derecha? El corazón late a la izquierda.
* Ex rector de la UNAM


