El movimiento estudiantil y las primaveras
El término "Primavera Mexicana" abarrota columnas, medios y redes. Anteriormente hemos hablado de lo encantador que resulta el discurso de las estaciones. He cuestionado en varias ocasiones la utilización de la expresión "Primavera Árabe" porque reduce algo que es muy complejo y ofrece señales equivocadas, incompletas.
Pero la pregunta relevante hoy es hasta qué punto se puede comparar lo que está sucediendo en el movimiento estudiantil en México con lo que ha ocurrido en otros países del planeta.
Sin duda hay elementos que podemos conectar. Sin embargo a veces, cuando nos sobran ideas pero nos falta evidencia, es preferible dejar a los actores hablar y hacer el análisis a partir de su voz. Esta semana conduje una pequeña investigación que consistió en 44 entrevistas cuyos resultados publiqué en mi blog en este mismo diario.
El objetivo de un ejercicio así es permitir a los participantes expresarse y mostrar sus percepciones acerca de lo que el movimiento representa. A través de la detección de temas emergentes el investigador puede ir identificando patrones en el discurso. Las entrevistas se detienen cuando ya no surgen nuevos temas sino únicamente la repetición de los mismos. Cuando ciertos asuntos que pudieran ser relevantes claramente no están siendo mencionados, se puede proseguir entrevistando gente hasta que el investigador concluye que el tema simplemente no aparece como patrón en la narrativa. Por lo tanto es a partir de esta investigación y no de mis suposiciones, que elaboro algunos contrastes.
Tanto en México como en muchos otros países se trata de movimientos juveniles que entre otras cosas comparten un tono en la identidad de edad y el rol que sienten que como jóvenes deben jugar. Es notable la cantidad de menciones que este tema tuvo entre mis entrevistados. En Medio Oriente, un aproximado 60% de la población es joven y es este sector principalmente el que sale a las calles a manifestarse. Según lo que se estudió en esta región, esta capa de la población compartía expectativas (o la falta de ellas) acerca de su futuro y necesitaba canalizar las demandas que ello conllevaba. Cuando encuentra obstáculos para hacerlo intenta vías alternativas para expresarse o exigir, y al no conseguirlo experimenta una especie de frustración colectiva. Las redes sociales y el Internet funcionan como herramientas para dirigir una parte de este descontento, comunicar, organizar grupos o blogs para el diálogo, y en última instancia trasladar a la plaza pública el hartazgo o frustración. Sin embargo, hay que destacar que lo que sacude a estos movimientos no son las redes sociales, sino las emociones colectivas de desesperanza o falta de expectativas en cuanto al presente o en cuanto a un futuro mejor; las redes sociales son el instrumento, el canal, es decir, un factor contribuyente pero no determinante. Prueba de ello son aquellos países como Yemen, Libia o Siria en donde las protestas convocaron a cientos de miles sin que existiera prácticamente penetración de redes sociales o bien éstas eran prohibidas.
Ahora bien, un gran ausente en las menciones de mis entrevistados es el tema del desempleo, y específicamente la desocupación juvenil, motor central de protestas en países europeos o en sitios como Túnez y Egipto. No es que el desempleo juvenil no exista en nuestro país; simplemente no se halla en el discurso de los participantes. Esto quizás puede explicarse por las diferencias entre la desocupación juvenil en México (9.6%) frente al 42% de España, 36% de Grecia, o el 27% en promedio del mundo árabe. O quizás se explique por otros motivos. El caso es que no es un tema presente en la narrativa de quienes entrevisté. La pobreza, la desigualdad y algunos otros problemas socioeconómicos, en cambio, sí surgieron en las entrevistas.
Por otro lado, en el caso mexicano, la demanda se ubica en torno a una necesidad de equilibrio en la información y de la participación de la ciudadanía para construir una democracia que es percibida como ausente o defectuosa. Que voten por quien sea, dicen los entrevistados, pero que voten de manera informada, para lo que se requiere cambios radicales en los medios masivos. Sin embargo, la posibilidad de votar es ya un sobrentendido en el discurso. En los países árabes las demandas también eran de democracia, pero partían de otra realidad: dictaduras represivas y autoritarias donde no sólo no había libre competencia de medios, sino tampoco otro tipo de libertades como expresarse, reunirse, formar partidos o asociaciones políticas, mucho menos votar o ser votados, y porque manifestarse significaba enfrentar las balas, los tanques en el caso sirio o hasta aviones y bombas en el caso libio.
Por lo tanto, yo no sé si se trata de primaveras, veranos o inviernos. El mexicano es un movimiento estudiantil que tiene un discurso coherente, articulado y bastante homogéneo, según demuestra mi investigación. Está congregado y convoca, siguiendo su narrativa, no porque sean necesariamente desempleados, sino porque es un grupo social preocupado por el futuro de su país y de lo que puede acontecer con nuestra democracia si no favorecemos la libre competencia y la cobertura equilibrada en los medios. En su discurso se encuentra muy presente la conciencia de edad y de su rol como jóvenes. Es un movimiento auténtico, fresco y legítimo. Ni hace falta ni vale la pena medirlo con la vara de otras latitudes. ¿Por qué no mejor evitamos categorizaciones apresuradas, ponemos el foco en las demandas y debatimos alrededor de ellas?
@maurimm
Internacionalista


