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José Carreño Carlón

Marcha que no está contra mí, está conmigo

José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación

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23 de mayo de 2012

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Calderón se jactó el lunes de que, a diferencia de lo que ocurre en el mundo, en México las protestas en las calles no son contra el presidente sino contra otros, en alusión a Peña Nieto. Con ello el mandatario podía estarse jactando también del éxito de su estrategia para la temporada electoral. En efecto, logró desviar contra el PRI y su candidato, al menos en el sector ahora movilizado, el blanco de enjuiciamiento en todo proceso de elección presidencial: los saldos del gobierno en funciones, que en su caso ahora podrían pasar desapercibidos, o suponerse olvidados, aprobados o perdonados.

Es tal el éxito de la estrategia presidencial que la movilización de esta tarde tendrá como foro para el reclamo de justicia electoral y transparencia informativa la Estela de Luz, con lo cual probablemente pensará el Presidente que la pureza de intenciones de los jóvenes habrá exorcizado ese monumento insignia de la opacidad, la corrupción y la impunidad del sexenio.

Con sus cuentas, el Presidente podría además ponerle fin a la discusión sobre semejanzas y diferencias entre las movilizaciones de ahora en México y las de la Primavera Árabe, que tiraron a los gobiernos de Túnez y Egipto. Porque en las cuentas de Calderón, aquí no van contra su presidencia. Y si no van contra él, quizá suponga que están con él, en una paráfrasis pragmática del mesianismo que suele adueñarse de la frase evangélica de que el que no está conmigo está contra mí.

¿Jóvenes infalibles?

Y aquí hay que repetir el mantra no sólo políticamente correcto sino altamente compartible que celebra la participación política libre de los jóvenes que llegan a la edad ciudadana y ejercen sus derechos en favor o en contra de las opciones electorales de hoy. Y hay que darles la bienvenida también a los que arriban a la crítica de los medios, que empezamos a hacer hace tres décadas, así como a quienes desde los medios empiezan también a acusar recibo de los cuestionamientos de esta parte de la esfera pública.

Pero otra cosa es la condescendencia oportunista que trata de utilizarlos asumiendo que las apreciaciones de estos jóvenes son por definición justas, infalibles e incuestionables, o que su libertad de expresión supone la abolición de la libertad de expresión de quienes los critican. O, en fin, que ellos no son influenciables o manipulables, como si no lo fuéramos todos, o no estuviéramos todos expuestos a las estrategias de los competidores políticos o empresariales para atraernos a sus causas e intereses, lo mismo en los medios tradicionales que en las redes.

Y aquí habría que volver a las cuentas del presidente Calderón sobre las movilizaciones de estos jóvenes y los cálculos que se hacen en torno a ellas. Si no están contra su gobierno, sino contra el PRI, incluso podría conjeturar el Presidente que impulsan un tercer periodo presidencial para su partido, el PAN. Aunque más bien podrían propiciar la llegada del PRD a la presidencia.

Error de cálculo

Porque más allá del éxito de la estrategia del presidente Calderón para desviar en este sector movilizado el blanco del enjuiciamiento y así sacar del escrutinio los saldos del gobierno en funciones, lo cierto es que el actual mandatario no puede escapar a ese enjuiciamiento en una mayoría del electorado, que es la que mantiene hasta ahora al PAN sin posibilidad de subir sus preferencias electorales. Y es esa mayoría la que mantiene también a la cabeza de esas preferencias a Peña Nieto, no por una conspiración mediática, sino porque es el que ha tenido éxito en promoverse como una alternativa viable y presentable frente a los saldos impresentables del gobierno en funciones. Pero las encuestas apuntan a otra alternativa: López Obrador.

El cálculo más arriesgado en las cuentas del Presidente no es, sin embargo, que las movilizaciones anti-Peña terminen favoreciendo a AMLO, sino que terminen también favoreciendo, otra vez, un movimiento de rechazo al resultado electoral. 

Analista político



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