Intolerancia

Licenciado en Ciencias PolÃticas y Administración Pública, Ezra Shabot Askenazi estudió en la Universidad Nacional Autónoma d
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Las campañas electorales no son espacios en donde la discusión sobre temas de relevancia nacional se lleva a cabo con la profundidad adecuada y la disposición negociadora de las partes. Es el momento de ganar votantes y no de pactar con otras fuerzas la solución de los problemas nacionales. Aunque pareciera ser que se trata precisamente del tiempo de contrastar propuestas, esto funciona siempre y cuando le permita a uno u otro candidato ganar adeptos, o quitárselos al contrincante. Si el día de hoy uno se acerca a las agendas postuladas por Peña Nieto y Vázquez Mota, difícilmente se encontrarían diferencias de fondo en el planteamiento mismo de las soluciones inmediatas para impulsar la modernización de México.
El proyecto de contraste es el de López Obrador, quien reproduce abiertamente el discurso del nacionalismo revolucionario que los propios priístas e incluso Marcelo Ebrard desde la trinchera de los “demócratas de izquierda” rechazan por obsoleto e inoperante. En todo caso la discusión sobre estas propuestas y las diferencias operativas entre los panistas y los priístas deberían estar en el centro de la polémica nacional, aunque quizá en el espacio académico e intelectual, porque en el estrictamente político, de lo que se trata es de ganar votos a cualquier precio, y este asunto del “debate profundo” no sirve para ello.
Lo triste en este caso es que la guerra de descalificaciones haya llegado a las universidades. Nadie supone que en un espacio estudiantil contestatario y rebelde, los alumnos se comporten como diplomáticos frente a su interlocutor. Pero las porras, los gritos y los insultos tienen un límite en el momento en que el debate se convierte en la expresión catártica de una masa irredenta que ve la posibilidad real de destruir en su imaginario, al enemigo de su candidato y al representante de todo lo malo existente en el país.
Lo ocurrido a Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana, o a Quadri en la Autónoma de Querétaro, no son sólo errores estratégicos derivados de la falta de previsión de sus respectivos equipos de campaña. Se trata de un exceso de confianza en la creencia de que más allá del rechazo a uno u otro candidato, las universidades garantizan la expresión de posiciones opuestas a los distintos sectores del estudiantado. Si el PRI de Peña Nieto o la Nueva Alianza de Quadri o Elba Esther son tan ilegítimos y tan fácilmente desarmables a partir de una argumentación de nivel universitario, con los gritos y sombrerazos se pierde la oportunidad de demostrar su falta de coherencia ideológica o política.
La Ibero y la Autónoma de Querétaro regresaron a las épocas del oscurantismo de izquierda de las facultades de Ciencias Políticas y Sociales y de Filosofía o Economía de la UNAM, donde quien no fuera aprobado por su posición marxista no tenía acceso al debate y debía ser expulsado de la universidad. Ni Peña ni Quadri ni Vázquez Mota ni el propio López Obrador, beneficiario de esta intolerancia, representan opciones que deban ser vetadas de este ámbito. No se trata de racistas ni de propaladores de violencia contra minoría alguna, como sucedió con algunos grupos extremistas en diferentes universidades y cuya presencia fue calificada de incompatible con el pluralismo y el respeto a la pluralidad de una institución de esta naturaleza.
Todos son legítimos representantes de corrientes políticas presentes en la vida política del país. Y si a Peña hay que recordarle el autoritarismo y la corrupción priísta y a Quadri su patrocinio ligado a Elba Esther, de igual forma es posible cuestionar a Josefina por su conservadurismo o falta de resultados en el ejercicio de su responsabilidad y al propio López Obrador por representar un proyecto regresivo lejano al de la izquierda democrática moderna. Rechazar la intolerancia en las universidades no significa alinearse con uno u otro candidato, es simplemente defender el concepto de universidad como garante del pensamiento libre. Nada más.
Analista político


