La nueva misión de la universidad

Nació en Veracruz el 18 de marzo de 1932. Egresado de la UNAM, es licenciado en Derecho.
Fue Coordina
Más de Miguel Alemán V.
El pasado 14 de mayo se celebró el 29 aniversario luctuoso del presidente Miguel Alemán Valdés. En las instalaciones de la Fundación Miguel Alemán se llevó a cabo un evento solemne, en el cual José Narro Robles, rector de la UNAM, fue el orador oficial.
En su intervención destacó, en principio, el tema de que el presidente Alemán reconoció el derecho de la mujer al voto, que en los términos del decreto correspondiente dice a la letra: “En las elecciones municipales participarán las mujeres, en igualdad de condición que los varones, con el derecho de votar y ser votadas” (29 de enero de 1947).
En segundo lugar se refirió a la vasta obra de infraestructura que continúa sirviendo a México hasta nuestros días y, en tercer lugar, habló del legado que representa la construcción de Ciudad Universitaria, espacio en el que no sólo trasciende la magistral obra plástica y arquitectónica que por más de medio siglo ha sido la sede de la máxima Casa de Estudios de nuestro país y que es Patrimonio Cultural de la Humanidad, sino también el proyecto académico que a lo largo de décadas ha buscado darle a México los profesionistas que conduzcan el destino de nuestro país.
En mi opinión, es también esa forja donde la diversidad social, ideológica, cultural y regional de México funde nuevas generaciones de mexicanos dotados de conocimientos, valores, cultura e identidad.
Desafortunadamente, desde el suceso aquel en que se le lanzó una pedrada al presidente Echeverría la Ciudad Universitaria ha sido terreno vedado al diálogo abierto con los principales líderes políticos del país. Esta institución debería de ser un aula pública abierta al debate del destino de la nación.
Ortega y Gasset, en su ensayo titulado La misión de la universidad, afirma: “tiene la universidad que intervenir como tal, tratando los grandes temas del día desde su punto de vista propio —cultural, profesional o científico—. De este modo no será una institución para estudiantes, un recinto ad usum delphinis, sino que, metida en medio de la vida, de sus urgencias, de sus pasiones, ha de imponerse como un poder espiritual superior”.
Es evidente que la política es pasión y la inconformidad es un estado sano de la juventud, punto de partida de la búsqueda de la verdad. Pero es preocupante que sea cada vez más frecuente la expresión de molestia y agresividad. Vasconcelos decía que “la desgracia de América Latina consiste en que somos gobernados por la espada y no por la inteligencia”.
¿Quién es responsable de esta cultura del odio y de fractura social que trasciende fronteras? ¿Cuál es la nueva misión de la universidad en un país donde la violencia y la ilegalidad se apoderan de nuestras ciudades y de nuestras conciencias?
Se trata de una misión que le dé a la juventud las herramientas para crear un sueño y ser capaces de hacerlo realidad en su futuro, un sueño que los libere del rencor que puedan venir arrastrando de su pasado, porque más avanza la sociedad con base en las ideales que con base en los odios. La misión de la universidad es fortalecer la capacidad del ser humano para ser un individuo libre e independiente y no una voz perdida en una masa.
Necesitamos fortalecer nuestra convicción de ser herederos de una cultura y de una nación que tiene que avanzar por el camino de la verdad, el respeto a la legalidad, al derecho propio y ajeno a la libre exposición de las ideas; en suma, del respeto a la principal definición de dignidad humana.
Rúbrica. A Carlos Fuentes: ayer México perdió a un gran hombre y yo perdí a un gran amigo.
@AlemanVelascoM
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Político, escritor y periodista


