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Ricardo Raphael

Yo voto contra el Panal

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública p

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14 de mayo de 2012

No es nada personal, mi decisión es fundamentalmente política. Quiero con mi voto hacerle un bien a mi país; aportar el grano de arena que me corresponde para que, en el futuro, tanto abuso sea imposible. ¡Ni un voto al Panal! Esa es mi convicción para estos comicios.

Llegó la hora para que los dueños de este partido dejen de ser tan poderosos; tiempo para que, con nuestros sufragios les pongamos un alto.

El Panal es la fachada electorera de una casa donde se perpetúa una de las peores expresiones de la corrupción mexicana. Se trata de un partido que sirve a los intereses de la cúpula sindical del SNTE, cuya líder prominente es Elba Esther Gordillo. Decirle “no” en las urnas a esa fuerza política es la mejor manera de oponerse a tan descarado abuso.

Sus integrantes son celosos guardianes del statu quo y han hecho cuanto obra en su poder para impedir toda reforma relevante al sistema educativo. En fecha reciente ellos reventaron el proceso de evaluación a los profesores; son también quienes descarrilaron las reformas para crear un servicio profesional del magisterio; fue esa camarilla la que este año burló a la autoridad educativa cuando se intentó terminar con el faltismo de los profesores en las aulas.

Es enorme el poder de la cúpula del SNTE: es capaz de colocar funcionarios en todos los niveles. En la actual administración, nombró entre otros como subsecretario de Educación Básica a Fernando González Sánchez, yerno de Gordillo; también logró ubicar, en al menos 16 entidades de la República, a los responsables de las secretarías locales de Educación; manipula las direcciones de los planteles escolares y es patrón tanto de los supervisores como de sus jefes. En fin, su influencia se extiende, poderosísima, sobre la vasta estructura educativa que atiende hoy a más de 24 millones de niñas y niños mexicanos.

El poder de esta cúpula sindical se sostiene sobre tres pilares: primero, dispone del ramo más grande de recursos que tenga el Estado mexicano; segundo, gobierna la vida profesional de más de un millón y medio de funcionarios; y tercero, es capaz de premiar con numerosos votos a los políticos que se plieguen a su voluntad. Un actor que posea gente, dinero y sufragios en esta magnitud se hace invulnerable.

De las tres patas que equilibran al gigante, propongo aquí derrumbar la tercera. El sistema educativo y el sistema electoral no deben seguir entrelazados. Hay que ponerle un alto al uso impune e indiscriminado de docentes y dineros, dispuestos para servir a una maquinaria electoral cuya única misión es proteger intereses inmorales.

Si a través de los votos fuésemos capaces de decirle “no” a esa mafia, lo demás vendría solo. Si de ahora en adelante esa camarilla no pudiera someter a los legisladores, si ese grupo político quedara impedido para nombrar a los funcionarios públicos, si el Panal no lograra mantener su registro como partido, si la sociedad mexicana expresara su repudio de manera contundente en las urnas, entonces el próximo gobierno de la República recibiría una instrucción precisa por parte de las y los ciudadanos.

Por esta razón no hay que darle un solo voto a Nueva Alianza el 1 julio. Ni un solo voto a Gabriel Quadri, ni un solo voto para el Congreso, ni uno solo para los cargos locales que el Panal juega en esta jornada.

Es oportunidad única porque en esta ocasión tal fuerza política va sola; la desecharon los panistas, los priístas, y los perredistas. Sólo falta que las y los votantes ratifiquen su rechazo y esa torrecilla mafiosa resbalará sin detenerse sobre la fatal rampa enjabonada que tanto se merece.

Ahora que, el voto a favor de la educación podría llevárselo quien, en las semanas restantes, presentara de manera creíble un rompimiento irrevocable contra tal camarilla. Quien tuviera como propuesta divorciar al Estado mexicano del poder que ostenta ese liderazgo magisterial; quien hiciera profesión explícita para denunciar sus corruptelas, el desvío de recursos que le distingue, el abuso de autoridad, sus enclaves autoritarios y sus pulsiones regresivas.

Vázquez Mota, López Obrador o Peña Nieto todavía podrían hacer campaña explícita para dejar definitivamente fuera el negocio político que este partido representa. Si alguno tomara con sinceridad esta bandera, con gran gusto y dignidad le entregaría mi voto el próximo primero de julio. Insisto: sería por razones meramente políticas; nada en esto es personal.

 

@ricardomraphael
Analista político



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