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Élmer Mendoza

Álvaro Uribe

Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programa

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10 de mayo de 2012

Abrigos al piso. Saúl le quitó la blusa sin dejar de besarla, morderla mientras ella dejaba caer su falda ardiente, su bufanda y brasier. ¿Bragas para qué? Luego botaron su camisa, su pantalón y demás, y fue el cuerpo de Nadia, con su grupa de negra, la que concentró las manos la fuerza el calor del pintor. Aagg, mmm. Hay ansiedades que sólo admiten una salida y bastaron cuarenta y siete segundos para que el ruido de la cama escapara por la ventana del hotel Jaenne D’Arc, desbordara el Sena y demostrara por enésima vez que París es una fiesta. En la novela de Álvaro Uribe Morir más de una vez, publicada por Tusquets en noviembre de 2011, el autor invita a “completar con sus palabras la parte fisiológica de este relato”.

Estoy seguro que ustedes lo pensarán y escribirán mucho más intenso y provocador.

Contada como novela autobiográfica, donde se detecta el intimismo como estética, Morir más de una vez entrelaza historias vivas con finales sutiles de muerte. La muerte como solución de todos los problemas y los misterios, como redentora y reveladora de todo lo finito. Como destino único. Uribe confronta numerosos contrastes y obtiene una novela delicada, sentimental y representativa de una época y de un grupo de mexicanos en París. Los espacios se perciben como verdaderos: calles, clima, restaurantes, barrios, departamentos, hoteles y jardines son reconocibles; igual los prototipos que se mueven entre alcohol, sexo, sonrisas y una inmensidad de postergaciones.

Uribe cuenta y se cuenta, inventa y se reinventa, “yo podría acotar: yo también es quien no fue, quien estuvo a punto de ser”, y fluye suavemente por las historias de los personajes: José Juan, Alberto, Samuel, Gabrielle, Saúl, Nadia, Adriana, Josefina, Mathiu, Pierlucas. Como el escritor hábil que es, pule cada parte que al final embonará en el corpus total donde París es personaje importante, una ciudad deseada por los diplomáticos poco o sumamente glamorosos como destino de sus carreras: “nadie llega nunca por primera vez a París”. Sin embargo, en esta novela eso es telón de fondo, los personajes que van a morir sobresalen de inmediato y nadie tiene una partida inesperada. Este punto realza el poder emotivo del narrador que va deshojando poco a poco la margarita.

La fineza, se manifiesta no sólo en el tratamiento del tema y la trama, sino en el lenguaje que es correcto y sin más pretensiones que contar con solvencia estética. Uribe es un autor reflexivo, que encuentra las palabras para generar atmósferas perfectas y eso es un elemento de su carácter como narrador. Parte de su fraseo es conminativo: “La felicidad de alguien a quien no supimos hacer feliz tiene mucho de agravio”, es un piquete en un ojo; “la vejez…es una enfermedad. Una enfermedad mortal”, y dejen ya de compadecer a los mayores que la batalla que libran no es poco singular. Desde luego, esta novela también es un tejido de razones muy íntimas: Manuel Artigas, el narrador personaje, ha salido de una reveladora operación de cáncer y comparte sus recuerdos.

Álvaro Uribe, nacido en la ciudad de México en 1953, es uno de los escritores mexicanos mejor dotados para el tratamiento narrativo de sus temas; con frecuencia da la impresión de estar jugando, pero no es un juego único; por momentos estamos simultáneamente con carambola, dominó y ajedrez, que en la siguiente página se convierten en damas chinas, canasta uruguaya y rayuela. Es la narrativa del juego infinito y cada párrafo parece ser más misterioso que el anterior, de hecho se convierte en una tentación que es parte de otra tentación más poderosa: definirse a sí mismo. Lo experimentarán con la parte de José Juan, pero mucho más con la de Josefina y de Gabrielle donde la novela alcanza la cúspide como pieza literaria. “Miento. O para no ser tan drástico: distorsiono la verdad.” También resulta interesante la correlación entre el prólogo y el epílogo.

Si la novela transcurre en París, significa que la comida es única y los mexicanos no tienen mayor dificultad en encontrarla: “…gazpacho, pierna de cordero acompañada de verduras, ensalada de arúgula, quesos que se escurrían sobre una tabla y nieve de manzana con licor de Calvados”, perfectamente rociados con champagne y vinos diversos. Tampoco faltan los croissants, el paté de foie gras de ganso trufado con hongos silvestres y el café. Así cualquier generación se pierde, ¿verdad? Y los mexicanos tienen un sexto sentido para ubicar los sitios importantes. Si usted es un sibarita, una persona que domina distintas formas de disfrutar la vida porque sabe que no estará aquí para siempre, Morir más de una vez es la novela que esperaba. Ya verá.



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