Por el botÃn de los que no lo vieron

José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artÃculo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación
Más de José Carreño Carlón
No llega ni a 5% de la lista de electores el número de quienes siguieron el debate de los presidenciables en la tele: 4 millones de 84 millones y pico. Y eso es lo que lleva a las campañas a desplegar sus estrategias para tratar de contarles a los otros 80 millones una versión apropiada a los respectivos intereses de cada candidato.
Y además de que así lo requieren sus desmesurados egos (si no, no estarían allí), a ello obedece que los cuatro candidatos se hayan asumido de inmediato en los medios como ganadores, o al menos se dijeran muy satisfechos con lo logrado. Ése es el sentido del llamado posdebate en el que ahora estamos sumergidos y que trataremos de encuadrar hoy en tres conceptos clave de la comunicación pública.
El primero de ellos explica la movilización de verdaderos ejércitos de los llamados líderes de opinión, erigidos de entre los 4 millones que integraron la audiencia directa de las trasmisiones televisivas del domingo, como intérpretes y mediadores de lo trasmitido por los medios y en muchos casos como predicadores de la versión victoriosa de alguno de los candidatos. Así les llega el relato de lo ocurrido a los que no vieron directamente la trasmisión, pero que se consideran las audiencias finales del espectáculo del WTC.
Percepción selectiva
Nunca imaginaron los autores de este concepto de “comunicación en dos pasos” la gran evolución de este fenómeno a partir de las tecnologías de internet y de la aparición de las redes sociales. Claro, los “líderes de opinión” que Paul Lazarsfeld y Elihu Katz descubrieron en su libro Personal influence, 1955, como intermediarios entre los mensajes de los medios y pequeños “grupos primarios”, son en 2012, en gran medida, los incansables emisores de mensajes a granel en las grandes comunidades virtuales que replican, interpelan o corrigen los mensajes de los medios convencionales y elogian o injurian a sus emisores.
Estos mensajes pueden o no provenir de activistas explícitamente reclutados por los cuarteles generales de las campañas, pero siempre quedarán encuadrados en sus estrategias. Y aquí aparece el concepto de la “percepción selectiva”, de acuerdo con el cual quienes ya tienen una opción definida tienden a ver a su candidato como el ganador del debate y así lo proclaman y lo argumentan en las redes y en los medios, con efectos multiplicadores que, en sinergia con las estrategias de las campañas respectivas, podrían llegar a tener efectos definitorios de una elección. Y tampoco imaginó seguramente la evolución que tendría esta percepción selectiva Joseph Klapper, quien la describió en su libro de 1960, Los efectos de la comunicación de masas.
Espiral del silencio
Uno de esos efectos definitorios que buscan los estrategas de las campañas con su activismo en el posdebate y su movilización de líderes de opinión en todos los medios es el de lograr que su versión del debate alcance el respaldo de una mayoría arrolladora que termine silenciando a quienes sostienen versiones diferentes. Se trata del fenómeno de “espiral del silencio” que se genera cuando callan quienes se perciben en minoría, por temor a disentir de una mayoría o por miedo al aislamiento social que supone enfrentarse a un coro ensordecedor de los que “vieron y oyeron”, es decir: percibieron selectivamente cómo el candidato por el que optaron impuso sus condiciones, o sacó el mejor provecho o francamente arrasó con los demás en el debate.
Y aquí sí parecería que esta vez todos los competidores por el botín de las percepciones de los que no vieron el debate (y también de los que lo vieron) han podido competir con sus versiones en un terreno razonablemente parejo de medios convencionales y medios sociales. Y que todos han logrado desarrollar estrategias y herramientas de comunicación eficaces para tratar de “mayoritear” o evitar ser “mayoriteados” y por tanto acallar o ser acallados en esa espiral del silencio desarrollada en Alemania por Elisabeth Noel-Newman en los años setentas.
Académico


